sábado, 22 de agosto de 2015

Se debe examinar con cuidado a seminaristas para evitar "un mal para la Iglesia" Pide el Papa Francisco

Papa Francisco pide examinar con cuidado a seminaristas para evitar "un mal para la Iglesia"


Papa Francisco. Foto: Lauren Cater / ACI Prensa

VATICANO, 03 Oct. 14 / 01:10 pm (ACI).- El Papa Francisco recibió esta mañana a los participantes de la Plenaria de la Congregación para el Clero. Después de su saludo y agradecimiento por la colaboración a la Iglesia por los ministros ordenados y su acción pastoral, dirigió su discurso sobre tres temas: vocación, formación y evangelización.
El Santo Padre reconoció que “necesitamos sacerdotes, faltan las vocaciones. El Señor llama pero no es suficiente. Y nosotros obispos, tenemos la tentación de tomar sin discernimiento los jóvenes que se presentan. ¡Esto es un mal para la Iglesia!”
“Por favor, estudiar bien el recorrido de una vocación. Examinar bien si aquél es del Señor, si aquel hombre es sano, si aquel hombre es equilibrado, si aquel hombre es capaz de dar vida, de evangelizar, si aquel hombre es capaz de formar una familia y renunciar a esto para seguir a Jesús. Hoy tenemos tantos problemas, y en tantas diócesis por este engaño de algunos obispos de tomar a quienes vienen –a veces expulsados de los seminarios o de las casas religiosas– porque necesitan sacerdotes. ¡Por favor! Pensar bien en el pueblo de Dios”.
En la Sala Clementina del Vaticano, el Papa recordó el pasaje del evangelio de Mateo en el que Jesús compara al Reino de los Cielos con un tesoro escondido en un campo y dijo que le gusta comparar esa imagen a la vocación al ministerio ordenado, porque la vocación “es verdaderamente un tesoro que Dios pone desde siempre en el corazón de algunos hombres, elegidos por Él y llamados a seguirlo”.
Ese tesoro, prosiguió, no es para “enriquecer” sólo a algunos. Quien es llamado al ministerio, dijo, no es el “dueño” de su vocación, sino el administrador de un don que Dios le ha confiado para el bien de todos los hombres, también de aquellos que se han alejado de la práctica religiosa o no profesan la fe en Cristo.
“Al mismo tiempo, toda la comunidad cristiana es custodio del tesoro de estas vocaciones, destinadas a su servicio, y debe advertir siempre más la tarea de promoverlas, recibirlas y acompañarlas con afecto”, porque “Dios no cesa de llamar algunos a seguirlo y servirlo en el ministerio ordenado” pero “también nosotros debemos hacer nuestra parte, a través de la formación, que es la respuesta del hombre, de la Iglesia, al don de Dios, aquel don que le hace a través de las vocaciones”.
El Santo Padre explicó luego la importancia de formarse bien y con cuidado: “la formación, por eso, no es un acto unilateral, con el cual alguien transmite nociones teológicas o espirituales. Jesús no dijo a cuantos llamaba: ‘ven, te explico’, ¡no! o ‘sígueme, te instruyo’, ¡no!; la formación ofrecida por Cristo a sus discípulos ha sucedido en cambio, a través de un ‘ven y sígueme’, ‘haz come yo hago’, y éste es el método que también hoy la Iglesia quiere adoptar para sus ministros. La formación de la que hablamos es una experiencia discipular que acerca a Cristo y permite de asemejarse siempre más a Él”.
El Papa resaltó asimismo que “la formación, como discipulado, acompaña toda la vida del ministro ordenado y abarca integralmente su persona, intelectualmente, humanamente y espiritualmente. La formación inicial y aquella permanente son diferentes porque necesitan modalidades y tiempos diferentes, pero son las dos mitades de una misma realidad, la vida del discípulo clérigo, enamorado de su Señor y constantemente en su seguimiento”.
Para los sacerdotes, unidos en fraternidad sacramental, la primera forma de evangelización es el testimonio de comunión entre ellos y con el Obispo: “de una comunión como esta puede nacer un gran impulso misionero que libera a los ministros ordenados de la cómoda tentación de estar más preocupados por el consenso de los demás y el propio bienestar, que por la caridad pastoral para el anuncio del Evangelio hasta las más remotas periferias”.
“En esta misión evangelizadora, los presbíteros están llamados a acrecentar la conciencia del ser pastores, enviados para estar en medio de su grey, para hacer presente al Señor a través de la Eucaristía y para dispensar su misericordia”.
Se trata de ser sacerdotes, no limitándose a “hacer” de sacerdotes, conscientes que sus vidas evangelizan aún antes que sus obras. “¡Qué bello es ver sacerdotes alegres en su vocación, con una serenidad de fondo, que los sostiene también en los momentos de cansancio y de dolor! Y esto nunca sucede sin la oración, la del corazón, aquel diálogo con el Señor, que es el corazón, por así decir, de la vida sacerdotal”.
“Una vocación curada mediante una permanente formación, en la comunión, se convierte en un potente instrumento de evangelización, al servicio del pueblo de Dios. Que el Señor los ilumine en sus reflexiones y los acompañe también mi bendición”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette
22/08/2015 8:55am

miércoles, 19 de agosto de 2015

Catequesis del Papa Francisco sobre el trabajo y la familia

Catequesis del Papa Francisco sobre el trabajo y la familia


Foto Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 19 Ago. 15 / 10:07 am (ACI).- El Papa Francisco continuó hoy suscatequesis sobre la familia y esta vez reflexionó sobre la importancia del trabajo y como éste expresa la dignidad de toda persona.
A continuación y gracias a Radio Vaticano el texto completo de la catequesis de este miércoles 19 de agosto:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Después de haber reflexionado sobre el valor de la fiesta en la vida de la familia, hoy nos detenemos sobre el elemento complementario, que es el trabajo. Ambos forman parte del designio creador de Dios. La fiesta y el trabajo.
El trabajo, se dice comúnmente, es necesario para mantener a la familia, para crecer a los hijos, para asegurar a los seres queridos una vida digna. De una persona seria, honesta, lo más bello que se puede decir: ‘es un trabajador’, es uno que trabaja, es uno que en la comunidad no vive a expensas de los otros. Hay tantos argentinos hoy que he visto y diré como decimos nosotros ‘no vive de arriba’.
Y de hecho, el trabajo, en sus mil formas, a partir de aquel hogareño, cuida también el bien común. Y ¿dónde se aprende este estilo de vida laborioso? Primero que nada se aprende en familia. La familia educa al trabajo con el ejemplo de los padres: el papá y la mamá que trabajan por el bien de la familia y de la sociedad.
En el Evangelio, la Sagrada Familia de Nazaret aparece como una familia de trabajadores, y Jesús mismo es llamado ‘hijo del carpintero’ o incluso ‘el carpintero’. Y San Pablo no dejará de advertir a los cristianos: ‘el que no quiera trabajar, que no coma’. Es una bella receta para adelgazar esta: no trabajas, no comes.
El apóstol se refiere explícitamente al falso espiritualismo de algunos que, de hecho, viven a expensas de sus hermanos y hermanas ‘sin hacer nada’. El compromiso del trabajo y la vida del espíritu, en la concepción cristiana, no están en absoluto en oposición entre ellas. ¡Es importante entender bien esto! Oración y trabajo pueden y deben estar juntos en armonía, como enseña San Benito. La falta de trabajo daña también al espíritu, como la falta de oración daña también la actividad práctica.
Trabajar –repito, en mil modos– es propio de la persona humana. Expresa su dignidad de ser creada a imagen de Dios. Por eso se dice que el trabajo es sagrado, el trabajo es sagrado. Por eso la gestión de la ocupación es una gran responsabilidad humana y social, que no puede ser dejada en las manos de pocos o descargado sobre un ‘mercado’ divinizado. Causar una pérdida en puestos de trabajo significa causar un grave daño social.
Yo me entristezco cuando veo que no hay trabajo, que hay gente sin trabajo, que no encuentra trabajo y que no tiene la dignidad de llevar el pan a casa; y me alegro tanto cuando veo que los gobernantes ponen tanto esfuerzo, trabajo, para encontrar puestos de trabajo, para buscar que todos tengan un trabajo. El trabajo es sagrado, el trabajo da dignidad a una familia y debemos rezar para que no falte el trabajo a ninguna familia.
Por lo tanto, también el trabajo, como la fiesta, forma parte del designio de Dios Creador. En el libro del Génesis, el tema de la tierra como casa-jardín, confiada al cuidado y al trabajo del hombre, es anticipado con un pasaje muy  conmovedor: ‘Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo’. (2, 4b-6a).
No es romanticismo, es revelación de Dios; y nosotros tenemos la responsabilidad de comprenderla y asimilarla hasta el final. La Encíclica Laudato Si’, que propone una ecología integral, contiene también este mensaje: la belleza de la tierra y la dignidad del trabajo están hechas para estar unidas. La tierra se convierte en bella cuando es trabajada por el hombre, van juntas.
Cuando el trabajo se separa de la alianza de Dios con el hombre y la mujer, cuando se separa de sus cualidades espirituales, cuando es rehén sólo de la lógica de la ganancia y desprecia los afectos de la vida, la degradación del alma contamina todo: también el aire, el agua, la hierba, la comida… La vida civil se corrompe y el hábitat se descompone. Y las consecuencias golpean sobre todo a los más pobres y a las familias más pobres.
La moderna organización del trabajo muestra a veces una peligrosa tendencia a considerar la familia un gravamen, un peso, una pasividad para la productividad del trabajo. Pero preguntémonos: ¿cuál productividad? ¿Y para quién? La llamada ‘ciudad inteligente’ es indudablemente rica en servicios y organizaciones: pero, por ejemplo, es frecuentemente hostil a los niños y a los ancianos.
A veces quienes proyectan están interesados en la gestión de fuerza–trabajo individual, para ensamblar y utilizar o descartar según la conveniencia económica. La familia es un gran lugar de prueba. Cuando la organización del trabajo la tiene como rehén, o incluso le obstaculiza el camino, entonces estamos seguros de que la sociedad humana ha comenzado a trabajar ¡en contra de sí misma!
Las familias cristianas reciben de esta coyuntura un gran desafío y una gran misión. Ellas ponen en juego los fundamentos de la creación de Dios: la identidad y el vínculo del hombre y de la mujer, la generación de los hijos, el trabajo que hace doméstica la tierra y habitable el mundo.
La pérdida de estos fundamentos es un asunto muy serio, y en la casa común ¡hay ya demasiadas grietas! La tarea no es fácil. A veces puede parecer a las asociaciones de las familias que son como David frente a Goliat… pero ¡sabemos cómo terminó ese desafío! Se necesitan fe y astucia.
Que Dios nos conceda acoger con alegría y esperanza su llamada, en este momento difícil de nuestra historia. La llamada al trabajo para dar dignidad a sí mismo y a la propia familia. Gracias.
Fuente: Aciprensa
Publicado por: O.Revette 
19/08/2015 6:57pm

lunes, 17 de agosto de 2015

Mensaje del Papa Francisco para la 48º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2014

Mensaje del Papa Francisco para la 48º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2014


Foto ACI Prensa

VATICANO, 23 Ene. 14 / 10:48 am (ACI).- Esta mañana se presentó en el Vaticano el mensaje del Papa Francisco para la 48º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, bajo el lema “La Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro”.
A continuación, presentamos el texto íntegro del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas.
Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.
En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto.
La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.
Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos.
El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social –por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar excluidos.
Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar.
Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.
Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc. 10,29).
La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».
Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.
No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.
Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos. Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.
No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (BENEDICTO XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).
Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.
Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital.
El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.
Vaticano, 24 de enero de 2014, memoria de san Francisco de Sales
Fuente:Aciprensa
Publicado por: ORevette 
17/08/2015 9:44am

Sínodo de la Familia no se apartará de la doctrina sobre el matrimonio

Sínodo de la Familia no se apartará de la doctrina sobre el matrimonio


Imagen referencial. Foto. Flickr Tekke (CC BY-ND 2.0)

PIURA, 15 Ago. 15 / 01:42 pm (ACI/EWTN Noticias).- A solo dos meses de la celebración del Sínodo Ordinario sobre la Familia en el Vaticano, el Arzobispo Emérito de Quito (Ecuador) y enviado del Papa Francisco al X Congreso Nacional Eucarístico y Mariano de Perú, Cardenal Raúl Vela Chiriboga, señaló que no cabe “esperar de un Sínodo cosas extraordinarias que salgan de la doctrina de la fe”.
“La Iglesia es depositaria de una fe y esa fe está en la enseñanza de Jesús, no podemos ir contra su mandamiento”, explicó el Cardenal a ACI Prensa el 14 de agosto en Piura (Perú), donde participa del evento al que fue enviado por el Santo Padre.
El Arzobispo Emérito de Quito subrayó que “hay verdades fundamentales” que no cambiarán “por más prensa que se vuelque a decir cosas contrarias o se quiera interpretar mal lo que manda el Señor”.
El Cardenal reconoció que se debe buscar “un mayor acercamiento pastoral hacia los fieles, también para los fieles separados, también para los fieles que están en otras uniones”.
“Pero eso no quiere decir que van a poder tener la oportunidad de volver a comulgar con el Señor porque su situación es irregular”, indicó.
Lo que sí se puede hacer, explicó, es “darles otras ‘armas’, si cabe el término, como sería la comunión espiritual, el sentirse también apoyados y ayudados en la oración para que descubran la misericordia de Dios que tiene con todos nosotros”.
El Arzobispo ecuatoriano señaló también la necesidad de que la preparación de los novios para el matrimonio se realice de una forma más seria y durante más tiempo.
“Ahora se improvisa mucho: dos sesiones cada una de diez minutos suficiente para que los fieles vayan a recibir este sacramento que les va a transformar toda su vida”, criticó.
Esta pastoral, señaló, “requiere que nosotros los pastores animemos a los fieles a descubrir toda la belleza que significa recibir el sacramento del matrimonio”.
“La fuerza del matrimonio no la vamos a encontrar en los medios de comunicación, no la vamos a encontrar en la televisión sino en la gracia de Dios que llega a nosotros a través de los sacramentos”, dijo.
Recuerdo de visita del Papa a Ecuador
El Arzobispo Emérito de Quito recordó también la visita del Papa Francisco a Ecuador en julio de este año, y expresó su deseo de que “en un futuro no lejano esta misma gracia va a recibir el Perú, porque la inquietud de un padre es estar con todos los hijos, sino que los hijos son numerosos y por todos los continentes”.
“Es una gracia de Dios la presencia del Santo Padre, por su palabra y su testimonio. Todo lo que nos habló, todo lo que nos dijo, nos fue recordando lo que Jesús es para nosotros y por consiguiente cómo tenemos que imitarle en nuestra vida, en nuestra manera de ser, en nuestras actitudes, cómo el Señor nos enseña a través de su ejemplo el compartir con todos nuestras vidas”.
El Cardenal aseguró que la visita del Papa ha inspirado a la Iglesia en Ecuador a que “todos busquemos la paz, la conversión, y que todos seamos los constructores de más conciencia, de más igualdad, que nos está llamando el Señor a construir”.
“Estamos en esa oración constante al Señor para que la paz retorne al Ecuador, y que se de un auténtico diálogo para conjuntamente entre todos buscar las mejores soluciones a que conduzcan en nuestra patria a tener un futuro más serio, de desarrollo, de equidad, de justicia y de libertad”, dijo.
Congreso Eucarístico: Días de oración
El Cardenal Vela Chiriboga destacó que cuando el Papa Francisco le encomendó visitar Perú para el X Congreso Nacional Eucarístico y Mariano le dijo “que estos días tiene que ser de oración, meditación y buscar cómo la misma Eucaristía influye en nuestras vidas para darnos a los demás como Cristo se da a todos”.
“Un Congreso Eucarístico tiene esta finalidad, reavivar el amor hacia Jesús Sacramentado, a Jesús que se hace presente en el sacramento de la Eucaristía, y se queda con nosotros para ser adorado, es verdad, pero sobre todo se queda con nosotros para ser el alimento de nuestras vidas”, explicó.
Un evento como el realizado en estos días en el norte de Perú, señaló, “tiende a que reavivemos todas estas nociones que pueden, en algún momento, atenuarse o casi desaparecer”.
Fuente:Aciprensa
Publicado por: ORevette 
17/08/2015 9:10am

"El Cielo comienza en la Eucaristía"(Papa Francisco)

Papa Francisco: El Cielo comienza en la Eucaristía


Papa Francisco. Foto: Joaquín Peiro / ACI Prensa.
Papa Francisco. Foto: Joaquín Peiro / ACI Prensa.

VATICANO, 16 Ago. 15 / 09:35 am (ACI/EWTN Noticias).- Al presidir hoy el rezo del Ángelus ante la multitud de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco reflexionó sobre el significado de “comer la carne y beber la sangre de Jesús”, y aseguró  que el Cielo comienza en la Eucaristía.
El Santo Padre explicó que “vivir en comunión real con Jesús sobre esta tierra nos hace ya pasar de la muerte a la vida. El cielo comienza precisamente en esta comunión con Jesús”.
“En estos domingos la Liturgia nos está proponiendo, del Evangelio de Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida, que es Él mismo y que es también el sacramento de la Eucaristía” dijo, y señaló que el pasaje de hoy “presenta la última parte de ese discurso, y hace referencia a algunos entre la gente que se escandalizan porque Jesús dice: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’”.
El Papa destacó que “el estupor de los que lo escuchan es comprensible”. “Ante todo preguntas: ¿qué significa ‘comer la carne y beber la sangre’ de Jesús?, ¿es solo una imagen, una forma de decir, un símbolo, o indica algo real?”, indicó.
Francisco destacó que “sabiendo que deberá morir sobre la cruz por nosotros, Jesús se identifica con aquel pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en el ‘signo’ del Sacrificio que lo espera. Este proceso tiene su culmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se transforman realmente en su Cuerpo y en su Sangre”.
“Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola una cosa con Él”.
Francisco lamentó que “a veces, con respecto a la santa Misa, se siente esta objeción: ‘¿Para qué sirve la Misa? Yo voy a la iglesia cuando tengo ganas, y rezo mejor solo’”.
Ante esto, el Santo Padre respondió que “la Eucaristía no es una oración privada o una bella experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de aquello que Jesús ha hecho en la Última Cena”.
“Decimos, para entender bien, que la Eucaristía es ‘memorial’, o sea un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo ofrecido por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros”.
El Papa subrayó que “la Eucaristía es Jesús mismo que se dona totalmente a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y en un don a los hermanos”.
“Nutrirnos de aquel ‘Pan de vida’ significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus  elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirnos en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que Jesús ha hecho”.
Al finalizar, el Santo Padre señaló que “en el Cielo ya nos espera María nuestra Madre – ayer hemos celebrado este misterio. Ella nos obtenga la gracia de nutrirnos de Jesús, Pan de Vida, siempre con fe”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: ORevette 
17/08/2015 8:48am

viernes, 14 de agosto de 2015

Papa Francisco explica qué es la fiesta en la familia y por qué es un tiempo “sagrado”

Papa Francisco explica qué es la fiesta en la familia y por qué es un tiempo “sagrado”



Foto ACI Prensa 

VATICANO, 12 Ago. 15 / 09:51 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó la catequesisde la audiencia general de este miércoles a reflexionar sobre la importancia de la fiesta en la familia, el trabajo y la oración, centrándose en el primero de estos tres aspectos.
El Santo Padre indicó que “la fiesta no es la pereza de quedarse en el sofá o la emoción de una tonta evasión… No, la fiesta es en primer lugar una mirada amorosa y grata sobre el trabajo bien hecho; festejamos un trabajo”.
“También ustedes, recién casados, están festejando el trabajo de un lindo tiempo de noviazgo: ¡y esto es bello! Es el tiempo para ver a los hijos, o los nietos, que están creciendo, y pensar: ¡qué bello! Es el tiempo para mirar nuestra casa, los amigos que hospedamos, la comunidad que nos rodea, y pensar: ¡qué buena cosa! Dios ha hecho así cuando ha creado el mundo. Y continuamente hace así, porque Dios crea siempre, ¡también en este momento!”
El Papa resaltó que “el tiempo de la fiesta es sagrado porque Dios habita en modo especial. La Eucaristía dominical lleva a la fiesta toda la gracia de Jesucristo: su presencia, su amor, su sacrificio, su hacerse comunidad, su estar con nosotros… Y es así, como cada realidad recibe su sentido pleno: el trabajo, la familia, las alegrías y los cansancios de cada día, también el sufrimiento y la muerte; todo se trasfigura por la gracia de Cristo”.
Tras resaltar la importancia del sacrificio por amor que muchas veces los padres hacen para que los hijos vivan la fiesta, el Papa dijo que también en el ambiente de trabajo “a veces - ¡sin faltar a los deberes! - nosotros sabemos ‘filtrar’ alguna chispa de fiesta: un cumpleaños, un matrimonio, un nuevo nacimiento, como también una despedida o una nueva llegada…, es importante. Es importante hacer fiesta. Son momentos de familiaridad en el engranaje de la máquina productiva: ¡nos hace bien!”
El Pontífice dijo luego que “nosotros no debemos ser nunca esclavos del trabajo, sino ‘señores’. Hay un mandamiento para esto, un mandamiento que se aplica a todos, ¡ninguno es excluido! Y en cambio sabemos que hay millones de hombres y mujeres, e incluso ¡niños esclavos del trabajo! En este tiempo existen esclavos ¡Son explotados, esclavos del trabajo y esto es en contra de Dios y en contra de la dignidad de la persona humana!”
“La obsesión por el beneficio económico y el eficientismo de la técnica amenaza los ritmos humanos de la vida, porque la vida tiene sus ritmos humanos”.
Sobre el tiempo de reposo, especialmente los domingos, el Papa resaltó que “está destinado a nosotros para que podamos gozar de aquello que no se produce y no se consume, no se compra y no se vende. Y por el contrario vemos que la ideología de la ganancia y del consumo quiere devorar también la fiesta: y también ésta a veces se reduce a un ‘negocio’, un modo para ganar dinero y gastarlo”.
“La codicia del consumir, que comporta el desperdicio, es un virus feo que, entre otros, nos hace estar más cansados que antes. Perjudica el verdadero trabajo, consume la vida. Los ritmos desregulados de la fiesta causan víctimas, a menudo jóvenes”.
El Santo Padre explicó que “la fiesta es un invento de Dios” y que Él mismo “nos enseña la importancia de dedicar un tiempo a contemplar y a gozar de lo que en el trabajo ha sido bien hecho. Hablo de trabajo, naturalmente, no sólo en el sentido del arte manual y de la profesión, sino en el sentido más amplio: cada acción con la cual nosotros los hombres y mujeres podemos colaborar a la obra creadora de Dios”.
“La fiesta –concluyó el Papa– es un valioso regalo de Dios; un valioso regalo que Dios ha hecho a la familia humana: ¡no la arruinemos! Gracias”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 
Viernes 14/08/2015 11:15am

Con enfermos en casa, la familia vive el heroísmo y enseña solidaridad

Papa Francisco: Con enfermos en casa, la familia vive el heroísmo y enseña solidarid


Imagen referencial.

VATICANO, 10 Jun. 15 / 10:31 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó la catequesisde la Audiencia General a la enfermedad en la familia, una “experiencia de nuestra fragilidad, que vivimos sobre todo en la familia, desde niños, y después sobre todo desde ancianos, cuando llegan los achaques”.
El Papa explicó que “muchas veces, para un padre y una madre es más difícil soportar el mal de un hijo, de una hija que el suyo propio”. Por eso, la familia “ha sido siempre el 'hospital' más cercano”. A este respecto, aseguró que en muchos lugares del mundo “el hospital es un privilegio para pocos, y a menudo es lejano” por lo que “son la madre, el padre, los hermanos, las hermanas y los abuelos los que garantizan los cuidados y ayudan a que se cure”.
“Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para la parroquia, un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles a hacer entender el Reino de Dios mucho mejor que muchos discursos”. “Son caricias de Dios”, aseguró.
El Pontífice habló de las “heroicidades” de muchas familias que cuidan a sus enfermos, a pesar de tener luego que ir a trabajar y no haber descansado lo necesario. Francisco manifestó entonces una situación que a menudo se da en la vida: “cuántas veces vemos llegar al trabajo –todos lo hemos visto– a un hombre y una mujer con la cara de cansado, con una actitud de cansancio. Pero, ¿qué sucede? 'He dormido solo dos horas porque en casa hacemos turnos para estar con el niño, la niña, el enfermo, el abuelo, la abuela...' Es una jornada continua con el trabajo”.
“Estas cosas son heroicas, son heroicidades de las familias, las heroicidades escondidas que se hacen cuando uno está enfermo, cuando el padre, la madre, la hija o el hijo... y se hacen con ternura y valentía”, aseguró el Papa.
Se trata también de una cuestión de educación, algo que el Pontífice resaltó en la catequesis: “pienso lo importante que es educar a los hijos desde pequeños en la solidaridad en el tiempo de la enfermedad” porque “una educación que no tiene en cuenta la sensibilidad por la enfermedad humana hace marchitar el corazón, y hace que los chicos sean 'anestesiados' hacia el sufrimiento de los demás, incapaces de enfrentarse con el sufrimiento y de vivir la experiencia del límite”.
Hablando todavía de la educación, indicó que “la debilidad y el sufrimiento de nuestros afectos más queridos y más sagrados pueden ser para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida” y es así “cuando los momentos de enfermedad son acompañados de la oración y de la cercanía afectuosa y premurosa de los familiares”.
El Pontífice recordó el episodio en el que los discípulos discutían sobre el ciego de nacimiento y explicó que la tarea de la Iglesia también está en “ayudar a los enfermos, no perderse en murmuraciones. Ayudar siempre, consolar, levantar, estar cerca de los enfermos”.
El Santo Padre subrayó que “la Iglesia invita a la oración continua por los seres queridos afectados por el mal” porque “la oración por los enfermos no debe faltar”. “Ante todo tenemos que rezar más, ya sea personalmente o en comunidad”.
El Papa se sirvió del episodio evangélico de la mujer Cananea, “una mujer pagana” que “suplica a Jesús que sane a su hija”. “Para poner a prueba su fe le responde Jesús con dureza: 'No puedo, debo pensar antes en las ovejas de Israel'. Pero la mujer no se dio por vencida -una madre, cuando pide ayuda para su criatura nunca se da por vencida, todos lo sabemos, las madres luchan por los hijos- y le dijo: 'también a los perros, cuando los dueños se alimentan, se les da algo'. Como diciendo 'al menos trátame como a uno de ellos'. Entonces, 'Jesús le dice: 'Mujer, ¡tu fe es grande! Que sea como deseas”.
Frente a la enfermedad, “también en la familia surgen dificultades, a causa de la debilidad del hombre. Pero, en general, el tiempo de la enfermedad hace crecer la fuerza de los lazos familiares”. Francisco recordó que “la comunidad cristiana sabe bien que la familia, en la prueba de la enfermedad, no está sola”.
“Debemos dar gracias al Señor por las preciosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias atravesar el difícil momento del dolor y del sufrimiento”.
Como es costumbre, el Santo Padre dirigió un saludo especial a los jóvenes, enfermos y recién casados: “el próximo sábado celebraremos la memoria del Corazón Inmaculado de María. Que este día les haga comprender, queridos jóvenes, la importancia del amor puro; que sea su apoyo, queridos enfermos, en los momentos de gran dificultad; y que les sostenga a ustedes, queridos esposos recién casados, en su camino conyugal”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette
Viernes 14/08/2015 11:10am