lunes, 26 de junio de 2017

ORIENTACIONES SOBRE LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD

"ORIENTACIONES SOBRE LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD, SEAN FECUNDOS Y MULTIPLÍQUENSE” (GEN 1,28)

COMUNICADO DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE FAMILIA: “ORIENTACIONES SOBRE LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD” CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA COMISIÓN EPISCOPAL DE FAMILIA E INFANCIA COMISIÓN DE DOCTRINA Y ECUMENISMO ORIENTACIONES SOBRE LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD “SEAN FECUNDOS Y MULTIPLÍQUENSE” (GEN 1,28)


INTRODUCCIÓN
1. Es muy vivo el interés de la Iglesia, “experta en humanidad”, en su misión evangelizadora, de cuidar y de velar por la familia y el matrimonio. Para ello, proclama el Evangelio de la Familia y de la Vida. La Sagrada Familia es un claro ejemplo de ello: María es esposa de José y madre de Jesús; José, esposo de María y padre de Jesús; el niño Jesús, a quienes adoran los pastores y los Magos, por ser Dios y hombre verdadero. Este modelo de la Sagrada Familia, ilumina a todas las familias y nos ofrece luces para la defensa de la vida.
2. Queremos exponer la situación cultural y ambiental fruto del alejamiento de Dios y de su maravillosa obra creadora y redentora que intenta construir una ideología que socava profundamente los presupuestos naturales y conductuales, que tiene toda persona humana. Sus consecuencias son impredecibles.
3. Reafirmamos nuestro más profundo respeto a la dignidad de toda persona humana y nuestro rechazo a cualquier discriminación contra las personas con orientación sexual distinta. Asimismo, rechazamos cualquier insulto, ataque, imposición legal o penal, contra quienes proponemos la sana doctrina sobre la vida, la persona sexuada, varón o mujer, como camino para el proyecto de Dios sobre el mundo, la familia y la convivencia social. COMPLEMENTAREIDAD DEL HOMBRE Y LA MUJER
4. La realidad de la persona creada como varón o mujer, es una verdad indiscutible. Nunca se había pensado en otra realidad distinta a la enseñanza del Génesis en la creación: “Varón y mujer, los creo”. El sentido común, la ciencia y la investigación han confluido en la realidad de la complementariedad de los sexos. Los creyentes y muchos hombres y mujeres de buena voluntad, deben sentir la orientación de la Iglesia que “se une a ellos poniendo su propio servicio a la verdad, libertad y dignidad de todo hombre y mujer”
5. “Creando al hombre varón y mujer, Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer, enriqueciéndolos con los derechos inalienables y con las responsabilidades que son propias de la persona humana” . Los asocia a la realidad de la familia y el matrimonio. Y reciben una bendición especial de Dios al mandarlos a vivir en comunión y a crecer y multiplicarse, y evita tanto una uniformidad indistinta y una igualdad estática y empobrecedora, como una diferencia abismal y conflictiva (cf. Juan Pablo II, Carta a las mujeres, 8)”
6. La complementariedad del hombre y la mujer expuesta de modo explícito en el Génesis (“no es bueno que el hombre esté solo” ) se puede leer también como la necesaria ayuda y compañía mutua que también necesita la mujer. La complementariedad es una riqueza y su ausencia, una carencia. El cuidado del hombre por la familia le debe llevar a defenderla y orientarla por los caminos más nobles posibles. Esta complementariedad se da igualmente en otros órdenes. El mismo Jesús muestra el delicado respeto por las mujeres que llamó a su seguimiento y amistad (…) la misión confiada a las mujeres de llevar la Buena Nueva a los Apóstoles en la mañana de la Resurrección
7. La Iglesia siempre ha enseñado que a esta tarea la debe realizar la mujer sin renunciar a la femineidad. Es una deformación intentar expresar el comportamiento femenino imitando a los hombres y una gran injusticia exigirlo. Sería por tanto una discriminación inaceptable pensar que la dignidad de la mujer se realiza en las actividades exteriores y públicas, despreciando el ámbito familiar y doméstico, tan necesarios para una adecuada y serena vida familiar. La igual dignidad del hombre y la mujer reclaman que la mujer además de sus tareas específicas y grandiosas relacionadas con la maternidad, puede y debe integrarse a las funciones públicas y a otras profesiones. Así la evolución social y cultural se realice de modo plenamente humano.
8. Las palabras del relato del pecado original “él te dominará” pudieran interpretarse como de inferioridad de la mujer. Sin embargo, Jesucristo defiende enérgicamente la igual dignidad del hombre y la mujer. Dios da estabilidad a la unión de mujer y hombre diciendo que son “una sola carne”. Rechaza el permiso que dio Dios a Moisés de repudiar a sus mujeres, Y señala que “al principio no fue así”. Y san Pablo dignifica la unión de los esposos hablando de ella como un “misterio” que refleja la unión de Cristo con la Iglesia
9. Así, ser mujer no es una construcción masculina. Querer la mujer parecerse al hombre puede ser una acción “libre” pero está reñida con el sentido común y la revelación originaria de Dios. Querer un hombre parecerse a una mujer es igualmente extraño, ajeno a la fe y al sentido común. Eliminar las diferencias entre hombre y mujer va en contra del sentido común y de la revelación de Dios. ¿QUÉ SUCEDE HOY? IDEOLOGÍA DEL GÉNERO
10. Se está queriendo imponer una ideología que dice que el feminismo no cumplió sus resultados y hay que liberar a la mujer de la carga de la maternidad y del hogar, eliminando las diferencias entre el hombre y la mujer. La mujer, y sus roles, serían una construcción del varón y por tanto eso debe cambiar. El Papa Francisco indica que esta ideología “niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología se lleva a proyectos educativos, directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”.
11. No se puede “aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.
12. Es necesario, ver con perspectiva, los principales elementos de la así llamada ideología del género:
A. Se desconoce el plan creador de Dios y se desconoce que somos criaturas creadas, que nos precede y nos orienta: “macho y hembra los crea” y los bendijo Dios. “Sed fecundos y poblad la tierra”.
B. El hombre se ha liberado en su cuerpo y en su alma de su ser natural o creado. No hay naturaleza humana, por tanto, el hombre se vuelve “creador”, capaz de descontrol y construir el género humano, su desarrollo. Vale todo, sin ningún respeto por el otro.
C. Niega la diferencia sexual entre hombre y mujer, por tanto, su complementariedad sexual y su reciprocidad en el amor.
D. La identidad sexual es fruto de una decisión libre y puede cambiar con el tiempo.
E. Si la familia no se funda en la diferencia sexual (varón y mujer), cualquier iniciativa de tipo afectivo sexual puede constituir “una familia”. Por eso se está hablando de diversos tipos de familia.
F. Con motivo de la “inclusión” y de la libertad que tiene cada persona, se impone como “pensamiento único posible” aceptar cualquier decisión legal sobre esta materia. De tal manera que es atacado y perseguido el que habla o defiende que la familia la constituyen un hombre y una mujer. Esto hoy sucede en muchos países: persecución, penas y multas, expulsión de tareas docentes, etc.
G. El acto generativo se manipula y se desvincula del papel procreador del hombre y la mujer: paternidad y maternidad son realidades componibles y descomponibles.
H. Los proyectos educativos están inmersos de esta visión. Basta ver los ejemplos de familia en los libros de Educación sexual
I. Los Tribunales expresamente legislan sobre los aconteceres en materia afectivo sexual porque ellos deben regular las libres iniciativas de vinculación afectiva de los seres humanos. Hay agenda legislativa mundial y en cada nación.
J. Los medios de comunicación muestran una apertura a estos planteamientos: por ejemplo, la publicidad de algunas publicaciones que colocan en portada una niña transexual y dedicar la edición a esta temática.
CÓMO RESCATAR UNA SANA VISIÓN DE LA FAMILIA Y LA SEXUALIDAD
13. Una primera idea es obvia. Dios quiere al hombre y la mujer según su designio original. La naturaleza humana es la que Dios creó. El hombre es, no se construye. Lamentablemente se puede corromper, a veces sin culpa, pero siempre hay un anhelo de normalidad, de familia, de amor, inscrito en el hombre y la mujer.
14. Una tarea importante es profundizar y relanzar por todos los medios el Evangelio de la Vida y de la Familia. Urge presentar la verdadera doctrina de la sexualidad, de la dignidad de la persona, de la vida y de la familia. Es el gran reto de relanzar una vigorosa acción en favor de la familia. En esto juega un papel muy importante la Iglesia en la línea de impulsar una pastoral familiar organizada. En esto hay que trabajar: por ejemplo, en los Cursos de Preparación para el Matrimonio, en los Cursos para novios. En el apoyo a los padres para ayudarlos en esa noble tarea. La Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” del Papa Francisco nos abre un sinfín de posibilidades, en continuidad con las enseñanzas de san Juan Pablo II y Benedicto XVI.
15. Por otra parte, los movimientos apostólicos de carisma familiar deben tratar de fundamentar bien sus conceptos antropológicos y pedagógicos para extender con naturalidad esta enseñanza básica que pertenece al “Evangelio de la Familia”. Hay que salir a las periferias.
16. Ambos, Pastoral Familiar e iniciativas de carisma familiar, así como la catequesis deben enfrentar directamente el problema. Esto requiere convicción, coraje y determinación. Igualmente, hay que perder el miedo a hablar de lo obvio: la libertad para exigir respeto a la inmensa mayoría de personas que tiene muy clara y arraigada su identidad de varón o mujer.
17. Hablar de la sexualidad. El sexo forma parte de la persona. Los propagadores de la ideología de género no hablan de sexo sino de género. Lo que la experiencia y la ciencia confirman es que el sexo es algo dado, que afecta lo genético, la psicología, el cuerpo, los afectos y el modo de relacionarse los seres humanos. Del sexo hay que hablar porque él está implicado junto con toda la persona en la educación y en la realización del amor.
18. Urge proclamar el Evangelio de la Vida. La vida siempre es un don de Dios y “una sorpresa” en cierta manera. Hoy hay una mentalidad anticonceptiva generalizada, y los hijos, según esa mentalidad, son una “carga” que hay que sacar adelante. Ver a los hijos como un “don” forma parte de una recta concepción de la vida. Y finalmente, hay que dar testimonio de la felicidad del matrimonio. Con realidad, hay que hablar de cómo la complementariedad es una bendición de Dios.
19. Los hijos les pertenecen a los padres, y no al Estado ni a ninguna institución. Hay que alentar a que la sociedad se despierte: dos familias pueden hacer mucho, y muchas juntas pueden hacer mucho. Hay que promover asociaciones familiares, desde la Iglesia hay que bendecir muchas veces la vida, la familia y el matrimonio. En este sentido, las familias pueden y deben jugar un papel muy importante tanto como divulgadores de la bondad del matrimonio y de la familia constituidos como ser testimonio de la belleza de la vida.
20. A la vez que se proclama el Evangelio de la Vida, se deben manifestar los desacuerdos frente a las propuestas que se quieren imponer y hasta protestar, respetuosa y pacíficamente, con firmeza, contra las decisiones que están minando la institución familiar y desvalorizando el sentido de la vida y la persona humana.
LA EDUCACION DE LOS HIJOS
21. Reafirmamos la importancia de la educación de los hijos por parte de sus padres. Francisco lo introduce así: “Los padres siempre inciden en el desarrollo moral de sus hijos, para bien o para mal. Por consiguiente, lo más adecuado es que acepten esta función inevitable y la realicen de un modo consciente, entusiasta, razonable y apropiado. Ya que esta función educativa de las familias es tan importante y se ha vuelto muy compleja, quiero detenerme especialmente en este punto”.
22. Francisco se pregunta: “¿Dónde están los hijos? La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, aunque deba reinventar sus métodos y encontrar nuevos recursos. Necesita plantearse a qué quiere exponer a sus hijos. Para ello, no se debe dejar de preguntarse quiénes se ocupan de darles diversión y entretenimiento, quiénes entran en sus habitaciones a través de las pantallas, a quiénes los entregan para que los guíen en su tiempo libre. Sólo los momentos que pasamos con ellos, hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes, y las posibilidades sanas que creamos para que ellos ocupen su tiempo, permitirán evitar una nociva invasión. Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano. Los padres deben orientar y prevenir a los niños y adolescentes para que sepan enfrentar situaciones donde pueda haber riesgos, por ejemplo, de agresiones, de abuso o de drogadicción”
23. Hoy en la educación formal se habla del aborto y de la anticoncepción como algo culturalmente normal. Ya empieza a ser normal hablar de diversos tipos de familia. Desde primer grado se dan clases “sexualidad” señalando que hay más opciones además de ser niño o niña. Con juegos y cuentos banalizan o eliminan la palabra matrimonio. Encontramos en las redes sociales videos y mensajes verdaderamente incitantes a una exploración sexual temprana. Se ha constituido el Estado docente, y para poder impartir clases hay que realizar una serie de cursos imbuidos de esta ideología. La ciudadanía está por encima de los padres en la educación. Esto va en contra de la Declaración Universal de los derechos humanos que dice claramente “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.
24. Existe un fuerte financiamiento para imponer la agenda sobre del género, el recurso que le queda a la gente es la protesta, el reclamo. Estamos ante un escenario ya instalado en la agenda neo liberal, educativa, social, política y legal que busca invadir todo.
CONCLUSIÓN
25. “El discernimiento hecho por la Iglesia se convierte en ofrecimiento de una orientación. A fin de que se salve y se realice la verdad y la dignidad plena del matrimonio y de la familia”. “La Iglesia siguiendo a Cristo busca la verdad que no siempre coincide con la opinión de la mayoría”. “Escucha a la conciencia y no al poder, en lo cual defiende a los más pobres y necesitados”. Y así se explica que se trate de este tema tan importante relacionado con la familia.
26. La oración por las familias y la oración de cada familia es algo muy importante porque en ellas tenemos el más valioso patrimonio de la humanidad y de la Iglesia. Familias sólidas, consorcios de vida y amor fecundo, responden al anhelo de la mayoría de los seres humanos y es a la vez garantía de un buen nacer y crecer de un modo digno y natural. La oración por la familia se convierte en este momento en una urgente necesidad porque la soberbia humana de querer construir un mundo sin familias afecta hondamente a muchos niños y jóvenes y, a la vez, reclama una acción constante y creativa de los padres y de las familias. Es una urgente tarea misionera.
27. Se debe fomentar una gran comprensión con las personas que han sido captadas por la ideología del género. Han vivido pensando que toda inclinación sexual es auténtica y posible. Así se desorientan muchas personas y pierden el norte de la sexualidad que está orientada al servicio, al amor y a la donación.
28. Es, a veces, una obligación de conciencia decir NO. Toda familia, todo hombre o mujer, cada grupo de personas que vean oportuno actuar, deben rebelarse ante la imposición educativa, legal y avasalladora de la ideología de género. El derecho a decir NO y organizarse para manifestarlo es perfectamente válido y muchas veces indispensable.
29. Por último y es lo más importante. “Ante las familias, y en medio de ellas, debe volver a resonar siempre el primer anuncio que “es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo, y al mismo tiempo lo más necesario” (EG 35). (…) Porque “nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio” y “toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerigma” (EG 165)”. Es decir, el encuentro con la persona de Jesucristo es determinante para que este mensaje se extienda y profundice. Jesucristo y la fe cristiana han cambiado el mundo, y pueden hoy revitalizar la familia cristiana.
30. Que el ejemplo de la sagrada Familia de Nazaret, de José, de María y de Jesús, el Evangelio de la familia, sea el norte de los creyentes y de los hombres de buena voluntad. Caracas, 10 de Enero de 2017
Mons. Fernando Castro Aguayo, Obispo de Margarita, Presidente, Comisión de Familia e Infancia
Mons. Raúl Biord Castillo, Obispo de la Guaira. Presidente Comisión de Doctrina y Ecumenismo.
Mons. Rafael Conde Alfonzo, Obispo de Maracay
Mons. José de la Trinidad Valera Angulo, Obispo de Guanare
Mons. Benito Méndez Bracamonte, Obispo del Ordinariato Militar de Venezuela
Mons. Ramón Linares Sandoval, Obispo Emérito de Barinas
Mons. Jaime Villarroel, Obispo de Carúpano
Fuente: catequesisccs . wordpress . com / Publicado por: O.Revette 26/06/2017

sábado, 12 de noviembre de 2016

El matrimonio en el plan de Dios

Matrimonio

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

"La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados" (Catecismo Iglesia, can. 1055,1)

El matrimonio en el plan de Dios

La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las "bodas del Cordero" (Ap 19,7.9). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su "misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación "en el Señor" (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).

El matrimonio en el orden de la creación

"La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio... un vínculo sagrado... no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio" (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. "La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar" (GS 47,1).

Dios que ha creado al hombre por amor lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. "Y los bendijo Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla'" (Gn 1,28).

La Sagrada escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: "No es bueno que el hombre esté solo". La mujer, "carne de su carne", su igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como una "auxilio", representando así a Dios que es nuestro "auxilio" (cf Sal 121,2). "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (cf Gn 2,18-25). Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue "en el principio", el plan del Creador: "De manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6).

El matrimonio bajo la esclavitud del pecado


Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal.

Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con Dios, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios recíprocos (cf Gn 3,12); su atractivo mutuo, don propio del creador (cf Gn 2,22), se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia (cf Gn 3,16b); la hermosa vocación del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra (cf Gn 1,28) queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan (cf Gn 3,16-19).

Sin embargo, el orden de la Creación subsiste aunque gravemente perturbado. Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jamás les ha negado (cf Gn 3,21). Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la unión de sus vidas en orden a la cual Dios los creó "al comienzo".

El matrimonio en el Señor

La alianza nupcial entre Dios y su pueblo Israel había preparado la nueva y eterna alianza mediante la que el Hijo de Dios, encarnándose y dando su vida, se unió en cierta manera con toda la humanidad salvada por él (cf. GS 22), preparando así "las bodas del cordero" (Ap 19,7.9).

En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda (cf Jn 2,1-11). La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.

En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (cf Mt 19,8); la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mt 19,6).

Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19,10). Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30), más pesada que la Ley de Moisés. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a s í mismos, tomando sobre s í sus cruces (cf Mt 8,34), los esposos podrán "comprender" (cf Mt 19,11) el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

Es lo que el apóstol Pablo da a entender diciendo: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla" (Ef 5,25-26), y añadiendo enseguida: "`Por es o dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne'. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5,31-32).

Toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el baño de bodas (cf Ef 5,26-27) que precede al banquete de bodas, la Eucaristía. El Matrimonio cristiano viene a ser por su parte signo eficaz, sacramento de la alianza de Cristo y de la Iglesia. Puesto que es signo y comunicación de la gracia, el matrimonio entre bautizados es un verdadero sacramento de la Nueva Alianza (cf DS 1800; CIC, can. 1055,2).

Los efectos del sacramento del Matrimonio

"Del matrimonio válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo por su misma naturaleza; además, en el matrimonio cristiano los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado" (CIC, can. 1134).

El vínculo matrimonial

El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios (cf Mc 10,9). De su alianza "nace una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad" (GS 48,1). La alianza de los esposos está integrada en la alianza de Dios con los hombres: "el auténtico amor conyugal es asumido en el amor divino" (GS 48,2).

Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina (cf CIC, can. 1141).

La gracia del sacramento del matrimonio

La gracia propia del sacramento del matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia "se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial conyugal y en la acogida y educación de los hijos" (LG 11; cf LG 41).

Cristo es la fuente de esta gracia. "Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos" (GS 48,2). Permanece con ellos, les da la fuerza de segu irle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros (cf Ga 6,2), de estar "sometidos unos a otros en el temor de Cristo" (Ef 5,21) y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo.

La fidelidad del amor conyugal

El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. "Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, como el bien de los hijos exigen la fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad" (GS 48,1).

Su motivo más profundo consiste en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo a su Iglesia. Por el sacramento del matrimonio los esposos son capacitados para representar y testimoniar esta fidelidad. Por el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio adquiere un sentido nuevo y más profundo.

Puede parecer difícil, incluso imposible, atarse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto más importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Los esposos que, con la gracia de Dios, dan este testimonio, con frecuencia en condiciones muy difíciles, merecen la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial (cf FC 20).

Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble (cf FC; 83; CIC, can. 1151-1155).

La iglesia doméstica

Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase "toda su casa" (cf Hch 16,31 y 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.

En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, "Ecclesia domestica" (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11).

Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG 10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo" (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.

Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, "iglesias domésticas" y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. "Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están `fatigados y agobiados' (Mt 11,28)" (FC 85).



Resumen

·                     S. Pablo dice: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia...Gran misterio es éste, lo digo con respecto a Cristo y la Iglesia" (Ef 5,25.32).

·                     La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento (cf. GS 48,1; CIC, can. 1055,1).

·                     El sacramento del matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf. Cc. de Trento: DS 1799).

·                     El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.

·                     Dado que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, la celebración del mismo se hace ordinariamente de modo público, en el marco de una celebración litúrgica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la Iglesia), los testigos y la asamblea de los fieles.

·                     La unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva la vida conyugal de su "don más excelente", el hijo (GS 50,1).

·                     Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la Iglesia pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe.


·                     El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente "Iglesia doméstica", comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.



Fuente:AciPrensa . Com
Publicado por: O.Revette 12.11.2016

domingo, 25 de septiembre de 2016

100 mil firmas para evitar que ONU declare “Día Internacional del aborto seguro”

Unas 100 mil firmas para evitar que ONU declare “Día Internacional del aborto seguro”


Bebé en el vientre materno / Pixgood (Dominio Público)

MADRID, 22 Sep. 16 / 10:07 pm (ACI).- Diversos grupos pro aborto han pedido al secretario general de la ONU, Ban ki-moon, que declare el próximo 28 de septiembre como “Día Internacional del Aborto Seguro". Por ello la plataforma CitizenGo lanzó una campaña de firmas que busca evitar que esto ocurra y hasta ahora ya han reunido casi 100 mil firmas de apoyo.
En la carta que enviarán junto a las firmas desde CitizenGO al Secretario General de las Naciones Unidas y a los responsables de ONU Mujeres, programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, OMS, ONUSIDA y UNESCO entre otros, se muestra la “más absoluta oposición” a la concesión de este día ya que “en el aborto lo único seguro es la muerte de un inocente. Y es bastante probable el daño físico y/o psicológico de la madre”.
En esa carta también se explica que el 28 de septiembre ya ha sido declarado como “Día Internacional de Acción por la Despenalización del Aborto”, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en 1990. “Desde entonces, el lobby abortista ha venido ‘celebrando’ este día”, explican.
Recuerdan que a pesar de la postura que pueda tener Banki-Moon de manera personal en relación con el aborto, los países que defienden y protegen la vidaque está por venir “también son miembros de las Naciones Unidas”.
Por eso subrayan que establecer un “Día internacional del aborto seguro” sería “una falta de respeto para esos países y una fuente de conflicto y división”.
CitizenGO precisa que “el aborto nunca es seguro, porque siempre hay una víctima”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 25.09.2016

domingo, 14 de agosto de 2016

Padres ser más cercanos con sus hijos para evitar suicidios

Arzobispo pide a padres ser más cercanos con sus hijos para evitar suicidios


Imagen referencial / Foto: Pixabay (Dominio Público)

CIUDAD DE MÉXICO, 11 Ago. 16 / 02:10 pm (ACI).- El Arzobispo de Yucatán (México), Mons. Gustavo Rodríguez Vega, pidió a los padres defamilia ser más cercanos con sus hijos y preocuparse por lo que están viviendo, pues son los primeros responsables para poder evitar que el número de suicidios siga aumentando.
Según cifras oficiales, en lo que va del año se han registrado 150 suicidios en esta entidad (estado), siendo las víctimas en su mayoría jóvenes.
“Suicidios siempre han ocurrido, pero si ahora se multiplican, es efecto de nuestra forma de vida moderna. Para un joven puede ser una tragedia el no llevarse bien con sus papás, el haber perdido la relación con la novia o novio, pero sea como sea si, uno está cerca de Dios encontrará sentido para vivir”, expresó el Prelado.
Por ello, Mons. Rodríguez Vega pidió a los padres de familia “estar más cercanos con ellos (los jóvenes), que se preocupan por saber dónde andan, con quiénes están, saber lo que están viviendo”.
En declaraciones difundidas por la prensa, el Arzobispo de Yucatán advirtió que el alcoholismo o la drogadicción pueden llevar a los jóvenes a tomar el camino del suicidio. Por ello, pidió que las autoridades también se involucren y fomenten alternativas sanas para este sector de la sociedad.
Recordó que la juventud es una etapa difícil en la vida, sobre todo en este mundo moderno.
“Los padres de familia son los primeros responsables, luego las autoridades civiles, que tienen que procurar cosas y espacios donde los jóvenes puedan realizarse positivamente en actividades como el arte, el deporte. En cuanto a nuestra parte (la Iglesia) debemos de hacer el esfuerzo de atraerlos a las cosas de Dios”, señaló.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 14.08.2016 8:15am
Apostolado de Comunicación Social 
de la  Pastoral Familiar San Carlos Borromeo
Caricuao Caracas Venezuela

domingo, 5 de junio de 2016

Vaticano anuncia nuevo dicasterio "Laicos, Familia y Vida"

Vaticano anuncia nuevo dicasterio "Laicos, Familia y Vida" para el 1 de septiembre 2016


Basílica de San Pedro. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 04 Jun. 16 / 05:38 am (ACI).- En un importante paso hacia la reforma de la Curia querida por el Papa Francisco, la Santa Sede ha comunicado hoy la aprobación ad experimentum del nuevo dicasterio sobre laicos, familia y vida que iniciará su función el próximo 1 de septiembre de 2016.
El nuevo dicasterio absorberá por tanto a los actuales Pontificio Consejo para los Laicos y el Pontificio Consejo para la Familia, que dejarán de funcionar a partir de esa fecha.
“Hoy, 4 de junio de 2016, el Santo Padre Francisco, a propuesta del Consejo de Cardenales, ha aprobado ad experimentum el Estatuto del nuevo Discasterio para los Laicos, la familia y la vida en la cual confluirán, desde el 1 de septiembre de 2016, los actuales Pontificio Consejos para los Laicos y Pontificio Consejo para la Familia”.
“En esa fecha, ambos dicasterios cesarán de sus funciones y serán suprimidos”, explica el comunicado.
En el Estatuto que regirá al nuevo organismo de la Santa Sede se establece que “el discasterio es competente en esas materias que son de pertenencia de la Sede Apostólica para la promoción de la vida, y del apostolado de los fieles laicos, para el cuidado pastoral de la familia y de su misión, según el diseño de Dios y para la tutela y la ayuda de la vida humana”.
Otra de las características será que estará presidido por un Prefecto que será ayudado de un Secretario que podrá ser un laico, y por 3 Subsecretarios laicos. A su vez podrán trabajar varios empleados clérigos o laicos elegidos en su mayoría de diversas regiones del mundo.
El dicasterio estará dividido en las secciones Laicos, Familia y Vida presidida cada una por un Sub Secretario y estará formado por miembros laicos, hombres y mujeres, célibes y casados que respeten el caracter universal de la Iglesia.
También tendrá sus propios consultores, siguiendo así las normas establecidas ya para toda la Curia Romana.
Laicos
Respecto a esta sección, el estatuto establece que el dicasterio debe “animar la promoción de la vocación y de la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, como solteros, cónyuges o no, y miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos, comunidades”.
Además, deberá “favorecer en los fieles laicos la conciencia de la corresponsabilidad, en fuerza del Bautismo, para la vida y la misión de la Iglesia, según los diversos carismas recibidos para la edificación común, con una particular atención a la peculiar misión de los fieles laicos de animar y perfeccionar el orden de la realidad temporal”.
Deberá “promover también la participación de los fieles laicos en la instrucción de las catequesis, en la vida litúrgica y sacramental, en la acción misionera, en las obras de misericordia, de caridad y de promoción humana y social”.
Como ya hacía el Pontificio Consejo para los Laicos, la nueva sección “erige las asociaciones de fieles y los movimientos laicales que tienen un carácter internacional y aprobará o reconocerá los estatutos”.
Familia
“Promueve el cuidado pastoral de la familia a la luz del magisterio pontificio, en la tutela de la dignidad y el bien basados en el sacramento del matrimonio, en favorecer los derechos y las responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad civil para que las instituciones familiares puedan asumir mejor las propias funciones tanto en el ámbito eclesial como en el social”.
También deberá “discernir los signos de los tiempos para valorizar las oportunidades, a favor de la familia con confianza y sabiduría evangélica ante los desafíos que tenga y aplicar en el hoy de la sociedad y de la historia el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia”.
Entre sus labores estará el de “profundizar en la doctrina sobre la familia y su divulgación mediante adecuadas catequesis” así como “favorecer en particular los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y de la familia”.
También “ofrecer líneas directivas para programas formativos para los novios que se preparan al matrimonio y para las parejas jóvenes”.
Además, tendrá una estrecha relación con el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre Matrimonio y Familia, una de las instituciones de la Santa Sede más importantes en este ámbito.
Vida
Esta sección tendrá el deber de coordinar “iniciativas a favor de la procreación responsable, así como para la tutela de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, teniendo presentes las necesidades de la persona en sus diversas fases evolutivas”.
Deberá “promover y animar a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a acoger y custodiar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y prevenir que se recurra al aborto”.
Sobre esto último, también deberá “apoyar programas e iniciativas dirigidos a ayudar a las mujeres que hayan abortado”.
Esta sección estará en permanente y estrecha relación con la Pontificia Academia para la Vida de la Santa Sede.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 05.06.2016
ApostoladoDeComunicacionMedios