viernes, 13 de noviembre de 2015

Papa Francisco a obispos: Acompañen a la familia ante dificultades actuales

Papa Francisco a obispos: Acompañen a la familia ante insidias y dificultades actuales


Foto L'Osservatore Romano

VATICANO, 12 Nov. 15 / 11:07 am (ACI/EWTN Noticias).- En el discurso que entregó a los Obispos de Eslovaquia esta mañana al finalizar la audiencia que sostuvo con ellos, el Papa Francisco los exhortó a acompañar a las familias, en medio de las dificultades y las insidias que se ciernen sobre ellas en el mundo actual.
En el texto, el Santo Padre señala que aprecia “mucho lo que se está haciendo en favor de la familia, que afronta tantas dificultades y que sufre tantas insidias. Estos esfuerzos requieren ser acompañados por una pastoral familiar integral a nivel diocesano y nacional, que incluya un adecuado acompañamiento a las familias, también las que no están completas, sobre todo si es que hay hijos”.
El Papa también escribe que “en el ámbito de la pastoral de la familia es necesario valorar a los jóvenes, esperanza de la Iglesia y de la sociedad. En ellos está un fuerte deseo de servicio al prójimo y de solidaridad que reclama la orientación y la confianza de los pastores para transformarse en un encuentro vivo con Cristo, en un decidido proyecto de difusión del Evangelio”.
“De hecho y pese a las muchas adulaciones que incitan al hedonismo, la mediocridad y el éxito inmediato, los jóvenes no se dejan atemorizar fácilmente por las dificultades y son particularmente sensibles al esfuerzo sin reservas, cuando se les presenta el auténtico significado de la vida. Por ello necesitan tener de ustedes claras indicaciones doctrinales y morales, para edificar en la ciudad del hombre la ciudad de Dios”.
Francisco se refiere luego a la importancia de mantener los valores éticos y espirituales del pueblo eslovaco, “estrechamente vinculados con su tradición católica”, lo que permite “un diálogo sincero y fructífero, incluso sobre temas de vital importancia como la dignidad de la vida humana y la función esencial de la familia”.
El Pontífice indicó además que “hoy más que nunca es necesario iluminar el camino de los pueblos con los principios cristianos, aprovechando las oportunidades que la situación actual ofrece para una evangelización que, con un nuevo lenguaje, facilite la comprensión del mensaje de Cristo”.
Por lo tanto, resaltó, “es importante que la Iglesia infunda esperanza para que todos los cambios del presente se transformen en un encuentro renovado con Cristo, que lleve a vuestro pueblo a un progreso auténtico”.
El Santo Padre se refirió luego al desafío de la globalización y las migraciones, y recordó que “la Iglesia está llamada a proclamar y testimoniar la acogida del migrante en un espíritu de caridad y de respeto a la dignidad de la persona humana, en el contexto de una observancia necesaria de la legalidad'.
El Papa dijo también que es importante que los obispos cuiden de los sacerdotes para que sean ejemplo porque ''para la mayor parte del pueblo de Dios, son el principal canal por el que pasa el Evangelio, y también la imagen más inmediata mediante la cual se encuentran con el misterio de la Iglesia''.
El Pontífice destaca asimismo que la Iglesia ''signo e instrumento de la unidad de los hombres con Dios y entre sí, está llamada a ser la casa y escuela de comunión, en la que se pueda apreciar y acoger lo que hay de positivo en los otros''.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 13/11/2015  7:56am
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Papa Francisco: Toda peregrinación es Una experiencia de Misericordia

Papa Francisco: Toda peregrinación es “una experiencia de misericordia”

Miles de peregrinos en la Plaza de San Pedro. Foto: L'Osservatore Romano

VATICANO, 11 Nov. 15 / 06:47 am (ACI).- La peregrinación es “una experiencia de misericordia, de compartir y de solidaridad con quien hace el mismo camino, como también de acogida y generosidad por parte de quien hospeda y asiste a los peregrinos”.
Así lo aseguró el Papa Francisco en un mensaje a las Academias Pontificias con motivo de la Asamblea Plenaria que celebran estos días con el tema “Ad limina Petri. Vestigios monumentales de peregrinación en los primeros siglos del cristianismo”.
Sobre este tema el Santo Padre señaló que el título “nos prepara al inicio del Año Santo, reclamando oportunamente la atención sobre la peregrinación como elemento constitutivo del Jubileo”, que comenzará el próximo 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción.
“Espero vivamente que los que vengan a Roma en ocasión del Año Santo, o vivan la experiencia de la peregrinación de las muchas metas propuestas por las iglesias locales, se puedan sentir como los discípulos de Emaús, el Señor Jesús junto a ellos como compañero de viaje. Por lo tanto, puedan experimentar la alegría del encuentro con Él”, dijo el Pontífice.
“Vuestra reflexión contribuirá a profundizar el significado de la peregrinación cristiana, así como se desprende de los testimonios más antiguos, de las huellas dejadas por los peregrinos de la antigüedad cristiana en los santuarios romanos”, aseguró el Pontífice.
Sobre los trabajos de las Academias Pontificas señaló que “quiero expresar la esperanza de que estas sesiones constituyen siempre momentos deenriquecimiento cultural e interior, de incitación a un compromiso personal y comunitario cada vez más fecundo y capaz de suscitar en la Iglesia el deseo de un humanismo renovado, a los desafíos de nuestro tiempo”.
En el encuentro se otorgó el premio de las Academias Pontificias y la Medalla del Pontificado a los vencedores de este año. 
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 11/11/2015 6:57pm
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

¡A comer en familia! mesa doméstica Dice El Papa Francisco

¡A comer en familia! El Papa Francisco da consejos útiles para la "mesa doméstica"


El Papa Francisco saluda a una familia / Foto: L'Osservatore Romano
El Papa Francisco saluda a una familia / Foto: L'Osservatore Romano

VATICANO, 11 Nov. 15 / 05:59 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó la Audiencia General de este miércoles a la convivencia familiar y la relación que todafamilia debe tener en el hogar, pero sobre todo en torno a la mesa doméstica. Para ello dio una serie de consejos, entre ellos no ver la televisión o no tener elsmartphone (teléfono inteligente) cuando se come en familia.
“Saber compartir es una virtud preciosa”, afirmó. “Su símbolo, su ‘icono’ es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica”.
“Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla pero se ve la televisión, o el smartphone, es una familia ‘poco familia’”, indicó el Papa.
En su opinión, “la convivialidad es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en la familia hay algo que no está bien, o alguna herida escondida, en la mesa se percibe enseguida”.
Denunció además que “hoy muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivencia familiar” y señaló que “debemos encontrar el modo de recuperarla, aunque sea adaptándola a los tiempos”.
Francisco explicó que “compartir los alimentos –y por lo tanto, además de los alimentos, también los afectos, los eventos…– es una experiencia fundamental”.
“Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos alrededor de la mesa. En algunas culturas es habitual hacerlo también por el luto, para estar cercanos a quien se encuentra en el dolor por la pérdida de un familiar”, explicó.
“El cristianismo tiene una especial vocación por la convivialidad, todos lo saben”. “Jesús escogió la comida también para entregar a sus discípulos su testamento espiritual, condensado en el gesto memorial de su Sacrificio: donación de su Cuerpo y de su Sangre como Alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero”, recordó a los fieles.
“Podemos bien decir que la familia es ‘de casa’ a la Misa porque lleva a la Eucaristía la propia experiencia de convivencia y la abre a la gracia de una convivencia universal, del amor de Dios por el mundo”.
Francisco aseguró después que “participando en la Eucaristía, la familia es purificada de la tentación de cerrarse en sí misma, fortalecida en el amor y en la fidelidad, y prolonga los confines de su propia fraternidad según el corazón de Cristo”.
En este sentido, la “Eucaristía y la familia nutrida por ella pueden vencer las cerrazones y construir puentes de acogida y de caridad”.
“No existen pequeños, huérfanos, débiles, indefensos, heridos y desilusionados, desesperados y abandonados, que la convivencia eucarística de las familias no pueda nutrir, restaurar, proteger y hospedar”, aseguró el Papa en la Plaza de San Pedro.
El Santo Padre también pidió darse cuenta de cómo “una madre tiene una mirada de atención, servicio y cuidado por los hijos ajenos, además que los propios”.
“Sabemos bien la fuerza que adquiere un pueblo cuyos padres están preparados para movilizarse para proteger a sus hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indivisible, que son felices y orgullosos de proteger”.
“La convivencia parece que se ha convertido en una cosa que se compra y se vende, pero así es otra cosa”, explicó el Papa.
Comentando este aspecto, señaló que “la nutrición no es siempre el símbolo de un justo compartir de los bienes, capaz de alcanzar a quien no tiene ni pan ni afectos”.
“En los Países ricos somos estimulados a gastar en una nutrición excesiva, y luego lo hacemos de nuevo para remediar el exceso. Y este ‘negocio’ insensato desvía nuestra atención del hambre verdadera, del cuerpo y del alma. Es tanto así que la publicidad la ha reducido a un deseo de galletas y dulces. Mientras tanto, muchos hermanos y hermanas se quedan fuera de la mesa. ¡Es una vergüenza!”.
El Pontífice pidió mirar al Banquete Eucarístico y reconoció que “no existe división que pueda resistir a este Sacrificio de comunión; solo la actitud de falsedad, de complicidad con el mal puede excluir de ello”.
“Cualquier otra distancia no puede resistir a la potencia indefensa de este pan partido y de este vino derramado, Sacramento del único Cuerpo del Señor”.
“La alianza viva y vital de las familias cristianas, que precede, sostiene y abraza en el dinamismo de su hospitalidad las fatigas y las alegrías cotidianas, coopera con la gracia de la Eucaristía, que es capaz de crear comunión siempre nueva con la fuerza que incluye y que salva”, dijo el Papa.
Después de la catequesis el Obispo de Roma saludó como siempre a los peregrinos provenientes de diversas partes del mundo. También a los enfermos, jóvenes y esposos recién casados: “Que el Señor les ayude, queridos jóvenes, a ser promotores de misericordia y reconciliación; les sostenga a ustedes, queridos enfermos, a no perder la confianza, ni siquiera en los momentos de dura prueba; y les conceda a ustedes, querido esposos noveles, encontrar en el Evangelio la alegría de acoger cada vida humana, sobre todo la más débil e indefensa”.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 11/11/2015 6:44pm
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

Catequesis del Papa Francisco sobre la convivencia familiar en el hogar

Catequesis del Papa Francisco sobre la convivencia familiar en el hogar


Papa Francisco en la Audiencia General / Foto: Daniel Ibáñez - ACI Prensa
Papa Francisco en la Audiencia General / Foto: Daniel Ibáñez - ACI Prensa

VATICANO, 11 Nov. 15 / 04:45 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó la Audiencia General de este miércoles a la convivencia familiar y la relación que toda familia debe tener en el hogar, pero sobre todo en torno a la mesa doméstica.
“Saber compartir es una virtud preciosa”, afirmó. “Su símbolo, su ‘icono’ es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica”. Además, aseguró que “la convivencia es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones familiares: si en una familia hay algo que no funciona, o cualquier herida escondida, en la mesa se entiende rápido”.
A continuación el texto completo gracias a Radio Vaticana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy reflexionaremos sobre una cualidad característica de la vida familiar que se aprende desde los primeros años de vida: la convivencia, es decir, la actitud de compartir los bienes de la vida y ser felices de poderlo hacer. ¡es un virtud preciosa! Su símbolo, su “ícono”, es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica. El compartir los alimentos – y por lo tanto, además que los alimentos, también los afectos, los cuentos, los eventos… - es una experiencia fundamental. Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos alrededor de la mesa. En algunas culturas es habitual hacerlo también por el luto, para estar cercanos a quien se encuentra en el dolor por la pérdida de un familiar.
La convivencia es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en la familia hay algo que no está bien, o alguna herida escondida, en la mesa se entiende enseguida. Una familia que no come casi nunca juntos, o en cuya mesa no se habla pero se ve la televisión, o el móvil, es una familia “poco familia”.
El Cristianismo tiene una especial vocación por la convivencia, todos lo saben. El Señor Jesús enseñaba frecuentemente en la mesa, y representaba algunas veces el reino de Dios como un banquete festivo. Jesús escogió la comida también para entregar a sus discípulos su testamento espiritual, condensado en el gesto memorial de su Sacrificio: donación de su Cuerpo y de su Sangre como Alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero.
En esta perspectiva, podemos bien decir que la familia es “de casa” a la Misa, propio porque lleva a la Eucaristía la propia experiencia de convivencia y la abre a la gracia de una convivencia universal, del amor de Dios por el mundo. Participando en la Eucaristía, la familia es purificada de la tentación de cerrarse en sí misma, fortalecida en el amor y en la fidelidad, y prolonga los confines de su propia fraternidad según el corazón de Cristo.
En nuestro tiempo, marcado por tantas cerrazones y tantos muros, la convivencia, generada por la familia y dilatada en la Eucaristía, se convierte en una oportunidad crucial. La Eucaristía y la familia nutridas por ella pueden vencer las cerrazones y construir puentes de acogida y de caridad. Sí, la Eucaristía de una Iglesia de familias, capaces de restituir a la comunidad la levadura dinámica de la convivencia y de hospitalidad recíproca, es una ¡escuela de inclusión humana que no teme confrontaciones! No existen pequeños, huérfanos, débiles, indefensos, heridos y desilusionados, desesperados y abandonados, que la convivencia eucarística de las familias no pueda nutrir, restaurar, proteger y hospedar.
La memoria de las virtudes familiares nos ayuda a entender. Nosotros mismos hemos conocido, y todavía conocemos, que milagros pueden suceder cuando una madre tiene una mirada de atención, servicio y cuidado por los hijos ajenos, además que los propios. ¡Hasta ayer, bastaba una mamá para todos los niños del patio! Y además: sabemos bien la fuerza que adquiere un pueblo cuyos padres están preparados para movilizarse para proteger a sus hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indivisible, que son felices y orgullosos de proteger.
Hoy muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivialidad familiar. Debemos encontrar el modo de recuperarla, aunque sea adaptándola a los tiempos. La convivialidad parece que se ha convertido en una cosa que se compra y se vende, pero así es otra cosa. Y la nutrición no es siempre el símbolo de un justo compartir de los bienes, capaz de alcanzar a quien no tiene ni pan ni afectos. En los Países ricos somos estimulados a gastar en una nutrición excesiva, y luego lo hacemos de nuevo para remediar el exceso. Y este “negocio” insensato desvía nuestra atención del hambre verdadera, del cuerpo y del alma. Es tanto así que la publicidad la ha reducido a un deseo de galletas y dulces. Mientras tanto, muchos hermanos y hermanas se quedan fuera de la mesa. ¡Es una vergüenza!
Miremos el misterio del Banquete eucarístico. El Señor entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por todos. De verdad no existe división que pueda resistir a este Sacrificio de comunión; solo la actitud de falsedad, de complicidad con el mal puede excluir de ello. Cualquier otra distancia no puede resistir a la potencia indefensa de este pan partido y de este vino derramado, Sacramento del único Cuerpo del Señor.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 11/11/2015 6:38pm
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

Renovar la música y el canto litúrgicos según San Juan Pablo II

10 principios para renovar la música y el canto litúrgicos, según San Juan Pablo II


Foto: L´Osservatore Romano

VATICANO, 10 Nov. 15 / 06:00 pm (ACI).- En el año 2003, con ocasión del centenario del Motu Proprio “Tra le sollecitudini” sobre la renovación de la música sacra, San Juan Pablo II dio 10 principios para renovar el canto litúrgico y la música en la Misa, entre otros.
1. Centralidad de la Santidad
San Juan Pablo señaló que “ante todo es necesario subrayar que la música destinada a los ritos sagrados debe tener como punto de referencia la santidad”. Por ello, citó las sabias palabras del Beato Papa Pablo VI, quien afirmó que “si la música -instrumental o vocal- no posee al mismo tiempo el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, se impide a sí misma la entrada en la esfera de lo sagrado y de lo religioso”.
2. No todas las músicas son aptas
“La misma categoría de ‘música sagrada’ -advirtió San Juan Pablo II- hoy ha sufrido una ampliación tal que incluye repertorios que no pueden entrar en la celebración sin violar el espíritu y las normas de la misma liturgia”.
“La reforma obrada por San Pío X se dirigía específicamente a purificar la música de la Iglesia de la contaminación de la música profana teatral, que en muchos países había contaminado el repertorio y la práctica musical litúrgica”, recordó el Pontífice; y señaló que “en consecuencia, no todas las formas musicales pueden ser consideradas aptas para las celebraciones litúrgicas”.
3. Cuidar la bondad de las formas
Otro principio es “el de la bondad de las formas”. Es decir que “no puede haber música destinada a la celebración de los ritos sagrados que no sea antes ‘arte verdadero’, capaz de tener la eficacia ‘que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos’”.
4. Respetar los tiempos
Sin embargo, “esta cualidad no es suficiente” advirtió el Papa peregrino. “Los diversos momentos litúrgicos exigen una expresión musical propia, siempre idónea para expresar la naturaleza propia de un rito determinado, ya proclamando las maravillas de Dios, ya manifestando sentimientos de alabanza, de súplica o incluso de tristeza por la experiencia del dolor humano, pero una experiencia que la fe abre a la perspectiva de la esperanza cristiana”, puntualizó San Juan Pablo II.
5. Inculturación sin superficialidad
El Pontífice destacó luego el valor de la inculturación en la música litúrgica; pero señaló que “toda innovación en esta delicada materia debe respetar criterios peculiares, como la búsqueda de expresiones musicales que respondan a la necesaria involucración de toda la asamblea en la celebración y que eviten, al mismo tiempo, cualquier concesión a la ligereza y la superficialidad”.
6. Nada de experimentos
“El sagrado ámbito de la celebración litúrgica no debe convertirse jamás en laboratorio de experimentos o de prácticas de composición y ejecución introducidas sin una atenta revisión”, dijo además el Papa.
7. Elemento de unidad
El Canto Gregoriano, expresó luego San Juan Pablo II, “ocupa un lugar particular”; pues “sigue siendo aún hoy el elemento de unidad” en la liturgia.
“San Pío X explicó que la Iglesia lo ‘heredó de los antiguos Padres’, lo ‘ha conservado celosamente durante el curso de los siglos en sus códices litúrgicos’ y lo ‘sigue proponiendo a los fieles’ como suyo, considerándolo ‘como modelo acabado de música sagrada’”, destacó.
8. Evitar la improvisación
En general, señalaba San Juan Pablo II, el aspecto musical de las celebraciones litúrgicas “no puede ser dejado a la improvisación, ni al arbitrio de los individuos, sino que debe ser confiado a una bien concertada dirección en respeto a las normas y competencias, como fruto significativo de una adecuada formación litúrgica”.
9. Sólida formación
Por ello, en el campo litúrgico, el Papa resaltaba “la urgencia de promover una sólida formación tanto de los pastores como de los fieles laicos”.
“San Pío X insistía particularmente en la formación musical de los clérigos. También el Concilio Vaticano II hizo una recomendación en este sentido: ‘Dese mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios, en los noviciados de religiosos y religiosas, y en las casas de estudios, así como en los demás institutos y escuelas católicas’”, recordó el Papa polaco.
10. Seguir el supremo modelo
El Pontífice reconoció el valor de la música popular litúrgica, pero respecto de ellas señaló que “hago mía la ‘ley general’ que San Pío X formulaba en estos términos: ‘Tanto una composición para la iglesia es más sagrada y litúrgica, cuanto más en el ritmo, en la inspiración y en el sabor se apoya en la melodía gregoriana, y tanto menos es digna del templo, cuanto más alejada se reconoce de aquel supremo modelo”.
San Juan Pablo II resaltó que actualmente “no faltan compositores capaces de ofrecer, en este espíritu, su indispensable aporte y su competente colaboración para incrementar el patrimonio de la música al servicio de una Liturgia siempre más intensamente vivida”.
Juan Pablo II recuerda que San Pío X, “dirigiéndose a los Obispos, prescribía que instituyesen en sus diócesis ‘una comisión especial de personas verdaderamente competentes en cosas de música sagrada’”.
“Allí donde la disposición pontificia fue puesta en práctica los frutos no han faltado”, destacó San Juan Pablo II; por ello, deseó que “los obispos sigan secundando el compromiso de estas comisiones, favoreciendo la eficacia en el ámbito pastoral”.
“También confío que las Conferencias episcopales realicen cuidadosamente el examen de los textos destinados al canto litúrgico, y presten especial atención a la evaluación y promoción de melodías que sean verdaderamente aptas para el uso sagrado”, concluyó.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 11/11/2015 6:29pm
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

Ser predicadores no de complejas doctrinas sino anunciadores de Cristo muerto y resucitado entre nosotros

Papa Francisco: Quiero una Iglesia con rostro de mamá

El Pontífice exhorta a la Iglesia a evitar excesiva confianza en estructuras y razonamientos complejos, que pierden “la ternura de la carne” y del dolor de la gente

Ser predicadores no de complejas doctrinas, “sino anunciadores de Cristo, muerto y resucitado entre nosotros”. Hombres y mujeres que experimentan la “alegría simple del corazón”.
PHILADELPHIA, PA - SEPTEMBER 27: Pope Francis celebrates mass during the World Meeting of Families on September 27, 2015 in Philadelphia, Pennsylvania. Pope Francis is on the final day of his trip to the United States and will conduct Mass and meet with organizers, volunteers and benefactors of the World Meeting of Families before returning to Rome this evening.   Carl Court/Getty Images/AFP

Después de su reflexión dirigida a la comunidad multiétnica del polo industrial de la ciudad de Prato, Italia, el Papa se trasladó a Florencia en helicóptero y dirigió un discurso histórico a la Iglesia del bel paese en la catedral de Santa María de las Flores en ocasión del V Congreso eclesial nacional este martes 10 de noviembre.
El Papa Francisco, después de haber dedicado un espacio en su discurso a la humildad, el desinterés, y la beatitud como bases del verdadero humanismo cristiano, se centró en dos tentaciones de la Iglesia de nuestros días: el pelagianismo y el gnosticismo.
Exhortó a que la Iglesia sea “inquieta”, “siempre cerca de los abandonados, a los olvidados, a los imperfectos”. “Una Iglesia mamá, que comprende acompaña, acaricia”.
“Sueñen también ustedes con esta Iglesia, crean en ella, innoven con libertad”. El humanismo cristiano llama a vivir radicalmente “la dignidad de cada persona” como Hijos de Dios, recordó.
Una Iglesia que enseña a la “fraternidad”, a “comprender el trabajo”, a “habitar lo creado” como casa común -dijo el Papa- da“razones para la alegría y el humor”, también “en medio de una vida muy dura”.
El clero italiano aplaudió más de una vez el discurso del Papa sobre las tentaciones de la Iglesia. Los alertó con su conocido buen humor que no eran igual a los 15 pecados de la curia romana (diciembre 2014), causando las risas del público, sino más bien un discurso para que la “Iglesia en salida” ponga en el centro a Cristo.
La primera tentación es el pelagianismo que empuja a la Iglesia a no ser humilde, desinteresada y bienaventurada. “Y lo hace con una apariencia de un bien. El pelagianismo nos lleva a tener confianza en las estructuras, en las organizaciones, en las planificaciones perfectas porque son abstractas”.
El pelagianismo es descrito por san Tomás, inspirado en un religioso que en su época reducía la Iglesia a una estructura moralista, y la fe a una ética cristiana.
Por el contrario, el Papa llamó a la Iglesia a poner en el centro de su acción un humanismo cristiano atento a las personas.
Por ello, la tentación del pelagianismo se vuelve en “un estilo de control, de dureza, de normatividad”.
“La norma da al pelagianismo la seguridad de sentirse superiores porque encuentra la fuerza en esto, y no en la ligereza del soplo del Espíritu de Dios”, advirtió.
“Frente a los males o a los problemas de la Iglesia es inútil buscar soluciones en conservadorismo y fundamentalismo, en la restauración de conductas y de formas superadas que ni siquiera culturalmente tienen la capacidad de ser significativas”, denunció.
“La doctrina cristiana –continuó- no es un sistema cerrado, incapaz de generar preguntas, dudas, interrogantes, sino que es viva, sabe inquietar, animar. Tiene un rostro no rígido, tiene un cuerpo que se mueve y se desarrolla, tiene carne tierna: se llama Jesucristo”.
El Papa refirió que la Iglesia no se termina en el enésimo plan para cambiar las estructuras y de las reformas. Una Iglesia que es siempre reformada, “es ajena al pelagianismo”. Y animó a seguir a Cristo y al Espíritu para que todo sea posible con “ingenio y creatividad”.
De esta manera, “la Iglesia –prosiguió- se deje llevar por el soplo potente y por esto, a veces, inquietante”.
Francisco comparó la Iglesia a una nave que Dios lleva por “el mar abierto”, y “no se asusten de las fronteras y de las tormentas”, pidió.
El Papa prosiguió señalando que la segunda tentación es el gnosticismo.Es una tentación que “lleva a confiar en el razonamiento lógico y claro, el cual pierde la ternura de la carne del hermano”.
El encanto del gnosticismo radica en “una fe cerrada en el subjetivismo, donde interesa únicamente una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que se consideran puedan confortar e iluminar”, donde el sujeto en definitiva queda cerrado a  la inminencia de su propia razón y de sus sentimientos.
Pero el cristianismo no construye en la arena porque va más allá de “ideas”, de “intimismos” que hacen “estéril su dinamismo”.
Sean cómo el párroco rural que conoce a sus fieles
La Iglesia italiana tiene grandes santos, dijo el Papa, y nombró a san Francisco de Asís y a Felipe Neri.
El Papa incultura sus palabras en la historia de Italia, que se respira y vive en una ciudad como Florencia, “signo de tanta belleza”, además en referencia a una tierra de santos y navegadores.
El Papa usó la metáfora de don Camilo y Pepón, el clásico cuento popular italiano de un sacerdote de un pueblito inmerso en el campo, que tiene como antagonista el alcalde comunista que trama siempre contra él, pero que al final reconoce el bien que hay en ese sacerdote que trabaja por la comunidad.
“Don Camilo decía: Soy un pobre sacerdote de campo que conoce a sus parroquianos uno a uno, los ama, que sabe los dolores y las alegrías, que sufre y sabe reír con ellos”, dijo el Papa: esto es la Iglesia.
“Cercanía a la gente y oración”: Francisco aseguró que esta es la clave del humanismo cristiano popular, humilde, generoso.
En una alegoría a una tradición florentina, indicó que la Iglesia es madre y tiene la mitad de la medalla que parte en dos para donarla y acoger a los hijos cansados y heridos: “es una de vuestras virtudes”, reconoció a la Iglesia italiana.
El Papa se presentó ante los religiosos, sacerdotes italianos no para decirles cómo debe ser la Iglesia, sino para acompañarlos.
Así, les invitó a ser predicadores no de complejas doctrinas, “sino anunciadores de Cristo, muerto y resucitado entre nosotros”. Hombres y mujeres que experimentan la “alegría simple del corazón”.
A los obispos les pidió que sean pastores: sea esta vuestra alegría. “No les debo decir yo lo que deben hacer”.
Sin embargo, invitó a una sinodalidad extendida a parroquias, diócesis, comunidades, en fin, a cada rincón de la Iglesia que habla y se confronta para buscar el bien de todos. Y remarcó que los creyentes son también ciudadanos.
Fuente: Aleteia . org
Publicado por: Orlando Revette 11/11/2015 10:18AM
Apostolado de Comunicación Pastoral Familiar SCB

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Sin el perdón “ningún amor puede durar”. Papa Francisco

Catequesis del Papa Francisco sobre el perdón recíproco y el amor duradero


Papa Francisco en la Audiencia General / Foto: Daniel Ibáñez - ACI Prensa
Papa Francisco en la Audiencia General
Foto: Daniel Ibáñez - ACI Prensa

VATICANO, 04 Nov. 15 / 04:44 am (ACI).- El Papa Francisco animó hoy a las familias a pensar que sin el perdón “ningún amor puede durar”. En la Catequesis de la Audiencia General de este miércoles, el Pontífice recordó que el matrimonio y la familia es un gran don.
A continuación el texto completo gracias a Radio Vaticana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La Asamblea del Sínodo de los Obispos que ha concluido hace poco, ha reflexionado a fondo sobre la vocación y la misión de la familia en la vida de laIglesia y de la sociedad contemporánea. Ha sido un evento de gracia. Al finalizar los Padres sinodales me han entregado el texto de sus conclusiones. He querido que este texto fuera publicado, para que todos fueran partícipes del trabajo que nos ha visto empeñados juntos por dos años. No es este el momento de examinar tales conclusiones, sobre las cuales yo mismo debo meditar.
Mientras tanto, pero, la vida no se detiene, en particular la vida de las familias ¡no se detiene! Ustedes, queridas familias, están siempre en camino. Y continuamente escriben en las páginas de la vida concreta la belleza del Evangelio de la familia. En un modo que a veces se convierte en árido de vida y de amor, ustedes cada día hablan del gran don que son el matrimonio y la familia.
Hoy quisiera subrayar este aspecto: que la familia es un gran gimnasio para entrenar al don y al perdón recíproco, la familia es un gran gimnasio para entrenar al don y al perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede durar a largo, sin donarse, sin perdonarse, el amor no permanece, no dura. En la oración que Él mismo nos ha enseñado –el Padre Nuestro- Jesús nos hace pedirle al Padre: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Y al final comenta: «Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes» (Mt 6,12.14-15). No se puede vivir sin perdonarse, o al menos no se puede vivir bien, especialmente en familia. Cada día nos faltamos al respeto el uno al otro. Debemos poner en consideración estos errores, debidos a nuestra fragilidad y a nuestro egoísmo. Lo que se nos pide es sanar inmediatamente las heridas que nos hacemos, retejer inmediatamente los hilos que rompemos en la familia. Si esperamos demasiado, todo se transforma en más difícil. Y hay un secreto simple para sanar las heridas y para disolver las acusaciones, es este: no dejar que termine el día sin pedirse perdón, sin hacer la paz entre el marido y la mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas… ¡entre nuera y suegra! Si aprendemos a pedirnos inmediatamente perdón y a darnos el perdón recíproco, sanan las heridas, el matrimonio se robustece, y la familia se transforma en una casa más sólida, que resiste a los choques de nuestras pequeñas y grandes maldades. Y para esto no es necesario hacer un gran discurso, sino que es suficiente una caricia, una caricia y ha terminado todo y se recomienza, pero no terminar el día en guerra ¿entienden?
Si aprendemos a vivir así en familia, lo hacemos también fuera, en todas partes que nos encontramos. Es fácil ser escépticos sobre esto. Muchos -también entre los cristianos- piensan que sea una exageración. Se dice: si, son bellas palabras, pero es imposible ponerlas en práctica. Pero gracias a Dios no es así. De hecho es precisamente recibiendo el perdón de Dios que, a su vez, somos capaces de perdonar a los otros. Por esto Jesús nos hace repetir estas palabras cada vez que rezamos la oración del Padre Nuestro, es decir cada día. Es indispensable que, en una sociedad a veces despiadada, haya lugares, como la familia, donde se aprenda a perdonar los unos a otros.
El  Sínodo ha revivido nuestra esperanza también en esto: forma parte de la vocación y de la misión de la familia la capacidad de perdonar y de perdonarse. La práctica del perdón no solo salva las familias de la división, sino que las hace capaces de ayudar a la sociedad a ser menos malvada y menos cruel. Si, cada gesto de perdón repara la casa de las grietas y refuerza sus muros. La Iglesia, queridas familias, está siempre a su lado para ayudarlos a construir su casa sobre la roca que ha hablado Jesús. Y no olvidemos estas palabras que preceden inmediatamente la parábola de la casa: «No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre». Y agrega: «Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios en tu Nombre?” Entonces yo les manifestaré: «Jamás los conocí» (cfr Mt 7,21-23). Es una palabra fuerte, no hay duda, que tiene por objetivo sacudirnos y llamarnos a la conversión.
Les aseguro, queridas familias cristianas, que si serán capaces de caminar siempre más decididamente sobre el camino de las Bienaventuranzas, aprendiendo y enseñando a perdonarse recíprocamente, en toda la grande familia de la Iglesia crecerá la capacidad de dar testimonio a la fuerza renovadora del perdón de Dios. Diversamente, haremos predicas también bellas, y quizá expulsaremos también cualquier demonio, pero al final el Señor ¡no nos reconocerá como sus discípulos! Porque no hemos tenido la capacidad de perdonar y de hacernos perdonar por los otros.
De verdad las familias cristianas pueden hacer mucho por la sociedad de hoy, y también por la Iglesia. Por eso deseo que en el Jubileo de la Misericordia las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco. Recemos para que las familias sean siempre más capaces de vivir y de construir caminos concretos de reconciliación, donde ninguno se sienta abandonado al peso de sus ofensas.
Con esta intención, decimos juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Digámoslo juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Gracias.
Fuente: AciPrensa
Publicado por: O.Revette 04/11/2015 01:40pm
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo