lunes, 5 de octubre de 2015

Sínodo de los Obispos Sobre la Familiar: ¿Por qué es importante defender la familia cristiana?

¿Por qué es importante defender la familia cristiana? Cardenal Erdo lo expone en el Sínodo


Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 05 Oct. 15 / 09:31 am (ACI).- El Arzobispo de Budapest (Hungría), Cardenal Peter Erdo, fue el encargado de realizar la relación introductoria (presentación) en la Primera Congregación de la Asamblea del Sínodo de los Obispos.
Su intervención estuvo dividida en tres partes: la escucha de los desafíos sobre la familia, el discernimiento de la vocación familiar, y la misión de la familia hoy. En ellas enumeró las razones por las que es importante defender la familia cristiana que es “un bien para la Iglesia”.
El Purpurado aseguró que “matrimonio y familia no son individuos aislados, sino que transmiten valores, ofrecen una posibilidad de desarrollo a la persona humana, que no resulta sustituible”. “La diferencia entre hombre y mujer no es por la contraposición o subordinación, sino por la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios”, añadió.
Por tanto, “en el diseño creador, en efecto, está inscrita la complementariedad del carácter unitivo del matrimonio con el reproductivo” y “la integración de los divorciados vueltos a casar en la vida de la comunidad eclesial se puede realizar en varias formas distintas a la admisión a la Eucaristía”.
En su extensa intervención, el Cardenal húngaro abordó los diversos temas que también tratará el Sínodo en los próximos días.
Cambio antropológico
El Cardenal aseguró que los efectos de la globalización son causa de la disgregación de la familia por lo que existe “un cambio antropológico que corre el riesgo de transformarse en un reduccionismo antropológico: la persona, en la búsqueda de la propia libertad, busca demasiado a menudo ser independiente de toda unión, a veces también de la religión, que constituye una unión con Dios, de uniones sociales, especialmente de aquellos que están conectados con las formas institucionales de la vida”.
De esta realidad, “de una alienación notable, se explica la fuga instintiva de mucha gente de las formas institucionales”.
“Así parece que se pueda explicar el crecimiento del número de parejas que viven juntas establemente, pero no quieren contraer ningún tipo de matrimonio ni religioso ni civil”.
El Cardenal explicó que “matrimonio y familia no son individuos aislados, sino que transmiten valores, ofrecen una posibilidad de desarrollo a la persona humana, que no resulta sustituible”.
Además, “la fuga de las instituciones se encuentra también en la creciente inestabilidad institucional que se manifiesta también en el alto porcentaje de divorcios”.
“Que cada vez sea más alta la edad en la que deciden casarse, es decir, el miedo de los jóvenes de asumir las responsabilidad y los compromisos definitivos, como el matrimonio y la familia, se encajan en este contexto”.
El Relator dijo que es necesario recordar que “la mirada de Jesús es la de la misericordia, de esa misericordia que se basa en la verdad”.
Complementariedad hombre-mujer
“La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio y la familia parte de la creación. La vida del ser humano y de la humanidad es parte de un gran proyecto: el de Dios creador. Como en todos los aspectos de la vida, encontramos nuestra plenitud y nuestra felicidad si conseguimos insertarnos libremente y conscientemente en este grandioso proyecto lleno de sabiduría y amor”.
El Purpurado recordó que Jesús mismo habla de la indisolubilidad del matrimonio y este principio “no tiene como objeto ser impuesto a los hombres como un yugo sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio”.
“Jesús tuvo una familia, dio inicio a los milagros en la fiesta de las Bodas de Caná, anunció el mensaje concerniente al significado del matrimonio como plenitud de la revelación que recupera el proyecto originario de Dios.
Pero al mismo tiempo, “puso en práctica la doctrina enseñada manifestando así el verdadero significado de la misericordia”.
Esto “aparece claramente en los encuentros con la samaritana y con la adúltera en la que Jesús, con una actitud de amor hacia la persona pecadora, lleva al arrepentimiento y a la conversión, condición para el perdón”.
El proyecto de la familia de Dios “ofrece una posibilidad de plenitud para la vida de las personas interesadas en el hoy, a pesar de la dificultad que se encuentra en mantener los compromisos para siempre”.
“El matrimonio y la familia expresa de modo especial que el ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios”.
“La diferencia entre hombre y mujer no es por la contraposición o subordinación, sino por la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios”.
Por tanto, “en el diseño creador, en efecto, está inscrita la complementariedad del carácter unitivo del matrimonio con el reproductivo”.
Sobre la enseñanza de Jesús, Erdo subrayó que se debe “poner de relieve la importancia de la promoción de la dignidad del matrimonio y de la familia reiterando el hecho de que el matrimonio es una comunión de vida y de amor”.  
“El verdadero amor no se reduce a cualquier elemento de relación, sino que implica la mutua donación de sí mismo. Así se integran las dimensiones sexuales y afectivas y la edificación cotidiana de la vida”.
“En el diseño del Creador, la pareja humana es ya portadora de la bendición divina” y se puede ver en el Libro del Génesis: “Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó hombre y mujer” y entonces “Dios los bendice y les dice: ‘sean fecundos y multiplíquense’”.
Transmisión de la fe
Tarea de la familia cristiana es la de “compartir la propia fe donándola también a los demás”. “Las familias cristianas, en efecto, son llamadas a testimoniar el Evangelio sea con su vida vivida según el Evangelio mismo o a través de un anuncio misionero”.
“Los cónyuges refuerzan mutuamente su fe y la transmiten a los hijos, pero también los hijos, con los otros miembros de la familia, son llamados a compartir su fe. En la familia se puede tener también la experiencia de los cónyuges en el mutuo amor, reforzados por el espíritu de Cristo, que viven su llamada a la santidad”.
El matrimonio se funda sobre el Bautismo “que establece la alianza fundamental de cada persona con Cristo en la Iglesia”.
“Los prometidos se prometen donación total, fidelidad y apertura a la vida, ellos reconocen como elementos constitutivos del matrimonio los dones que Dios les ofrece, tomando en serio su compromiso en su nombre y frente a la Iglesia”.
Es más, “en el matrimonio sacramental Dios consagra el amor de los esposos y confirma la indisolubilidad, ofreciendo su ayuda para vivir la fidelidad, la integración recíproca y la apertura a la vida”.
A través del matrimonio, “la familia cristiana es un bien para la Iglesia” y “un bien para la familia que viene ayudada a nivel espiritual y comunitario también en las dificultades y ayuda a custodiar la unión matrimonial y a discernir sobre los respectivas obligaciones o cualquier deficiencia”.
Pero también requiere “una atención misericordiosa y realista a los fieles que conviven o viven en el matrimonio civil en cuando no se sienten preparados a celebrar el sacramento, vistas las dificultades que una tal elección puede provocar hoy”.
“Si la comunidad logra demostrar acogida hacia estas personas, en las diversas situaciones de la vida, y presentar claramente la verdad sobre el matrimonio, podrá ayudar a estos fieles a llegar a una decisión para el matrimonio sacramental”.
El Purpurado explicó que “resulta muy útil la participación de familias católicas comprometidas en la preparación de los prometidos”.
“Los nuevos esposos pueden conocer una comunidad de verdaderos amigos, y de estos encuentros pueden nacer relaciones humanas de enriquecimiento, de apoyo y ayuda también en las situaciones difíciles o en los problemas de la pareja”.
En este sentido, “si decimos francamente a los otros aquello que no creemos, no debemos tener miedo de no ser comprensivos, en cuanto también nosotros somos hijos de nuestro tiempo”.
El Relator del Sínodo afirmó que “es indispensable que las familias” “encuentren las modalidades para interactuar con las instituciones políticas, económicas y culturales al fin de edificar una sociedad más justa”.
Divorciados en nueva unión y homosexualidad
“En muchos países e instituciones –denunció–, el concepto oficial de familia no coincide con el cristiano o con su sentido natural”. Y “este modo de pensar influencia la mentalidad de no pocos cristianos”.
“Las asociaciones familiares y los movimientos católicos deberán trabajar de modo conjunto, al fin de hacer valer las reales instancias de la familia en la sociedad”.
“Los cristianos deben comprometerse de modo directo en el contexto socio-político, participando activamente en los procesos de decisión y llevando al debate institucional las instancias de la doctrina social de la Iglesia”.
También habló sobre algunas dificultades que viven aquellos que están en situaciones matrimoniales o familiares problemáticas. “Primero de todo aquellos que podrían casarse en la Iglesia pero se contentan con un matrimonio civil o con una simple convivencia”.
“Si su actitud proviene de la falta de o de interés religioso, se trata de una verdadera situación misionera”.
Sobre “los separados y divorciados no vueltos a casar, la comunidad de la Iglesia puede ayudar a las personas que viven tales situaciones en el camino del perdón y si es posible de la reconciliación, puede ayudar la escucha de los hijos que son víctimas de estas situaciones y puede animar a los padres que se han quedado solos después de un fracaso a perseverar en la fe y en la vida cristiana y también a encontrar en la Eucaristía la comida que les sostenga en su estado”.
Respecto a los divorciados vueltos a casar civilmente dijo que “es necesario un acompañamiento pastoral misericordioso que no deje dudas sobre la verdad de la indisolubilidad del matrimonio enseñada por el mismo Jesucristo”.
La misericordia de Dios ofrece al pecador el perdón, pero requiere conversión. El pecado del que se puede tratar en este caso no es sobre todo el comportamiento que puede haber provocado el divorcio en el primer matrimonio”.
“Respecto a aquel hecho, es posible que en el fracaso las partes no hayan sido igualmente culpables, también si a menudo los dos son en una cierta medida responsables. No se trata entonces del naufragio del primer matrimonio, sino de la convivencia en la segunda relación que impide el acceso a la Eucaristía”.
“Aquello que impide algunos aspectos de la plena integración no consiste en una prohibición arbitraria, sino en una exigencia intrínseca buscada en varias situaciones y relaciones, en el contexto del testimonio eclesial”.
“La integración de los divorciados vueltos a casar en la vida de la comunidad eclesial se puede realizar en varias formas, distintas a la admisión a la Eucaristía”.
Además, “en la búsqueda de soluciones pastorales para las dificultades de divorciados casados civilmente, se tiene presente que la fidelidad a la indisolubilidad del matrimonio no puede ser conjugada en el reconocimiento práctico de la bondad de situaciones concretas que son opuestas y entonces inconcebibles”.
El Purpurado manifestó que “entre los verdadero y lo falso, entre el bien y el mal, en efecto, no hay una gradualidad, tampoco si algunas formas de convivencia llevan en sí ciertos aspectos positivos, esto no implica que puedan ser presentados como buenos”.
“Se distingue la verdad objetiva del bien moral y la responsabilidad subjetiva de la personas en singular”.
Sobre la homosexualidad, el Cardenal afirmó que obviamente “toda persona es respetada en su dignidad independientemente de su tendencia sexual. Es deseable que los programas pastorales reserven una específica atención a las familias en las que viven personas con tendencias homosexuales y a estas mismas personas”.
La apertura a la vida es una “exigencia intrínseca del amor conyugal” por lo que “la generación de la vida no se reduce a una variable del proyecto individual o de pareja”.
La Iglesia tiene el deber de promover “la cultura de la vida frente a la siempre difundida cultura de la muerte”.
El Relator del Sínodo recordó la enseñanza de la encíclica del beato Pablo VIHumanae Vitae, “que subraya la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración moral de métodos de regulación de la natalidad”.
“La adopción de niños, huérfanos y abandonados, acogidos como propios hijos, es una forma específica de apostolado familiar”, añadió.
El ser humano no es “un bien de consumo que se puede usar y después tirar”. “Hemos dado inicio a la cultura del descarte que viene promovida: es tarea de la familia ayudada por la sociedad, acoger la vida que nace y cuidar su última fase”.
Por eso, frente al aborto “la Iglesia reafirma el carácter inviolable de la vida humana. Ofrece asesoramiento a las embarazadas, sostiene a las chicas que son madres, asiste a los niños abandonados y se hace compañera de aquellos que han sufrido el aborto y tienen conciencia de su error “.
Sobre la eutanasia aseguró que “la muerte, en la realidad, no es un hecho privado e individual”. “La persona humana no es y no debe sentirse aislada en el momento del sufrimiento y de la muerte”.
Al concluir, el Cardenal Peter Erdo recordó que “los padres son y permanecen como primeros responsables de la educación humana y religiosa de sus hijos”.
“Todas las crisis que amenazan o debilitan a las familias pueden recibir ayudas esenciales de las otras familias, especialmente de la comunidad de familias cristianas que parecen asumir siempre ciertas competencias importantes de la misma Iglesia, constituyendo una forma fundamental del apostolado de los laicos”.
Fuente: Aci Prensa
Publicado por: O.Revette 05/10/2015 03:47pm
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo

Sínodo de la Familia: La familia es luz en la oscuridad del mundo "Papa Francisco en Vigilia del Sínodo"

Papa Francisco en Vigilia del Sínodo: La familia es luz en la oscuridad del mundo


Foto: Bohumil Petrick /ACI Prensa

VATICANO, 03 Oct. 15 / 02:57 pm (ACI).- El Papa Francisco presidió en la tarde del sábado una Vigilia de Oración por el Sínodo de la Familia en la Plaza de San Pedro.
Después de la intervención de los responsables mundiales de algunos movimientos y realidades eclesiales, el Santo Padre pronunció su homilía, en la que trazó algunos aspectos de la familia y de la propia Iglesia, que es “madre” “capaz de engendrar la vida”.
“La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias” y “cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”.
El Papa pidió a los miles de fieles presentes rezar por el Sínodo y sus participantes, “pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos”.
Oremos, pues –pidió– para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre” así como “reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella”.
También solicitó que el Sínodo sepa “abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la ‘buena noticia’ desde la que se puede comenzar de nuevo”.
“Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre”, dijo a continuación.
Francisco recordó que “la andadura misma de Jesús entre los hombres toma forma en el seno de una familia, en la cual permaneció treinta años. Una familia como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio”.
El Pontífice contó brevemente la historia del beato Charles de Foucauld, que quedó fascinado por el misterio de la Sagrada Familia, por la relación cotidiana de Jesús con sus padres y sus vecinos, por el trabajo silencioso, por la oración humilde.
“Para entender hoy a la familia, entremos también nosotros –como Charles de Foucauld– en el misterio de la Familia de Nazaret, en su vida escondida, cotidiana y ordinaria, como es la vida de la mayor parte de nuestras familias, con sus penas y sus sencillas alegrías”.
Una “vida entretejida de paciencia serena en las contrariedades, de respeto por la situación de cada uno, de esa humildad que libera y florece en el servicio; vida de fraternidad que brota del sentirse parte de un único cuerpo”.
“En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza”.
Así, “la familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados”.
El Papa pidió también que el Sínodo “más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor, no obstante las muchas penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar”.
“Una Iglesia que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta”.
“Una Iglesia sobre todo de hijos, que se reconocen hermanos, nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes”.
Francisco concluyó recordando que “la Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido”.
Por eso, “puede verdaderamente iluminar la noche del hombre, indicarle con credibilidad la meta y compartir su camino, sencillamente porque ella es la primera que vive la experiencia de ser incesantemente renovada en el corazón misericordioso del Padre”.

Fuente: Aci Prensa
Publicado por: O.Revette 05/10/2015 07:06am
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo

domingo, 4 de octubre de 2015

Sínodo de los Obispos sobre la Familia 2015: El Obispo de Roma señaló que los matrimonios por su unión “transmiten la vida a nuevos seres humanos: se convierten en padres”, por lo que “participan de la potencia creadora de Dios mismo”.

Papa Francisco en el Ángelus: Los matrimonios participan de la potencia creadora de Dios

Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 04 Oct. 15 / 06:24 am (ACI).- El Papa Francisco explicó hoy la importancia del Sínodo de la Familia al presidir el Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico.
Luego de la Misa celebrada en la Basílica Vaticana con la que quedó inaugurado el Sínodo de la Familia que lleva como tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, el Pontífice saludó a los fieles en la Plaza de San Pedro.
El Obispo de Roma señaló que los matrimonios por su unión “transmiten lavida a nuevos seres humanos: se convierten en padres”, por lo que “participan de la potencia creadora de Dios mismo”.
Los Padres Sinodales, provenientes de todas partes del mundo y reunidos en torno al Sucesor de Pedro, reflexionarán durante tres semanas sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad, para un atento discernimiento espiritual y pastoral”, explicó al comenzar.
“Tendremos nuestros ojos fijos sobre Jesús para identificar, sobre la base de su enseñanza de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para un trabajo adecuado de la Iglesia con las familias y por las familias, para que el diseño originario del Creador sobre el hombre y la mujer pueda hacerse y se obre en toda su belleza y su fuerza en el mundo de hoy”.
El Santo Padre comentó brevemente las lecturas de la liturgia del día y subrayó que precisamente una de ellas es “el texto fundamental del Libro del Génesis sobre la reciprocidad entre hombre y mujer”.
“Por eso, el hombre deja a su padre y su madre y se une a su mujer y los dos son una sola carne, es decir, una sola vida, una sola existencia”.
Pero el Papa advirtió de que esto es posible porque “Dios es amor” y “se participa de su obra creadora cuando se ama con Él y como Él”.
“Éste es también el amor que se les dona a los esposos en el Sacramento delmatrimonio”. Es el amor que alimenta su relación, a través de alegrías y dolores, momentos serenos y difíciles”.
“Es el amor que suscita el deseo de generar los hijos, de atenderlos, acogerlos, criarles, educarlos” y “el mismo amor que, en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños”.
Por eso, “hoy le pedimos al Señor que todos los padres y educadores del mundo, como también toda la sociedad, se hagan instrumentos de aquella acogida y aquel amor con el que Jesús abraza a los más pequeños”, explicó el Papa a los fieles.
“Él mira sus corazones con la ternura y solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre”, subrayó después.
Francisco tuvo también un recuerdo por “tantos niños enfermos, abandonados, explotados, obligados a la guerra, rechazados”.
“Es doloroso ver las imágenes de los niños infelices, con la mirada perdida, que escapan de la pobreza y los conflictos, llamando a nuestras puertas y a nuestros corazones implorando ayuda”.
Francisco deseó que “El Señor nos ayude a no ser sociedad-fortaleza, sino sociedad-familia, capaces de acoger, con reglas adecuadas, pero acoger”.
“Les invito a sostener con la oración los trabajos del Sínodo, para que el Espíritu Santo haga a los Padres Sinodales plenamente dóciles a sus aspiraciones”.
Fuente: Aci Prensa
Publicado por: O.Revette 04/10/2015 08:15am
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo

Sínodo de los Obispos sobre la Familia: “Éste es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca” Papa Francisco

Papa inicia Sínodo de los Obispos Sobre la Familia: El sueño de Dios para su criatura predilecta es el amor hombre-mujer


Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
VATICANO, 04 Oct. 15 / 04:45 am (ACI).- El Papa Francisco inauguró el Sínodo de los Obispos sobre la Familia con una solemne Misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano. En ella participaron los padres sinodales que reflexionarán sobre la familia hasta el próximo 25 de octubre.
“Éste es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca”, manifestó en la homilía.
Francisco destacó además que Dios “une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad”, por lo que la Iglesiadebe “vivir su misión en la verdad que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes”.
El Santo Padre al comienzo aseguró que “las lecturas bíblicas de este domingo parecen elegidas a propósito para el acontecimiento de gracia que la Iglesia está viviendo” y la articuló en tres partes: el drama de la soledad, el amor entre el hombre y la mujer, y la familia.
La Soledad
“La soledad, el drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres”, subrayó el Pontífice en referencia a uno de los problemas de la sociedad contemporánea.
“Pienso en los ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los viudos y viudas; en tantos hombres y mujeres dejados por su propia esposa y por su propio marido; en tantas personas que de hecho se sienten solas, no comprendidas y no escuchadas”.
También “en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte”.
El Papa destacó que “hoy se vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia; muchos proyectos ambiciosos, pero poco tiempo para vivir lo que se ha logrado; tantos medios sofisticados de diversión, pero cada vez más un profundo vacío en el corazón; muchos placeres, pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía…”.
En esta realidad, “son cada vez más las personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, en la melancolía, en la violencia destructiva y en laesclavitud del placer y del dios dinero”.
Francisco advirtió que “cada vez menos seriedad en llevar adelante una relación sólida y fecunda de amor: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la buena y en la mala suerte”.
“El amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado”, afirmó.
Pero, además, “parecería que las sociedades más avanzadas son precisamente las que tienen el porcentaje más bajo de tasa de natalidad y el mayor promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social”.
Amor entre hombre y mujer
El Pontífice recordó el pasaje en el Libro del Génesis en el que Dios decide ponerle una compañera a Adán. Esto muestra “que nada hace más feliz al hombre que un corazón que se asemeje a él, que le corresponda, que lo ame y que acabe con la soledad y el sentirse solo”.
También que Dios “no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos”.  
Además, recordó que “es el mismo designio que Jesús resume en el Evangelio de hoy con estas palabras: ‘Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne’”.
En la Escritura, Jesús “responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad. Esto significa que el objetivo de la vidaconyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y ‘originante’.
La familia
“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, comenzó diciendo Francisco en este punto recordando así el Evangelio de San Marcos.
Al explicar estas palabras, afirmó que “es una exhortación a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado auténtico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios”.
“Sólo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único y usque ad mortem”, añadió.
“Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad” y “en efecto, el miedo de unirse a este proyecto paraliza el corazón humano”.
Al hombre “lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor auténtico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total”, lo que hace comprender “la tristeza de este mundo”.
“En este contexto social y matrimonial bastante difícil, la Iglesia está llamada avivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad”.
“Vive su misión en la fidelidad a su Maestro como voz que grita en el desierto, para defender el amor fiel y animar a las numerosas familias que viven su matrimonio como un espacio en el cual se manifiestan el amor divino”.
También “para defender la sacralidad de la vida, de toda vida; para defender la unidad y la indisolubilidad del vínculo conyugal como signo de la gracia de Dios y de la capacidad del hombre de amar en serio”.
“Vivir su misión en la verdad que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes”.
Francisco indicó que “la verdad que protege al hombre y a la humanidad de las tentaciones de autoreferencialidad y de transformar el amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vinculo temporal”.
Porque “sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo” y “el amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente” y  “este es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad”, dijo recordando unas palabras de Benedicto XVI.
En definitiva, la Iglesia debe “vivir su misión en la caridad que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que –fiel a su naturaleza como madre– se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia”. Así como “de ser ‘hospital de campo’, con las puertas abiertas para acoger a quien llama pidiendo ayuda y apoyo; de salir del propio recinto hacia los demás con amor verdadero, para caminar con la humanidad herida, para incluirla y conducirla a la fuente de la salvación”.
Fuente: Aci Prensa
Publicado por: O.Revette 04/10/2015 08:08am
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo



Sínodo de los Obispos sobre la Familia: El arzobispo de Caracas pidió a los venezolanos orar por el éxito del Sínodo de la Familia que inicia este 4 de octubre

Mensaje del Cardenal Urosa antes del Sínodo de la Familia: “El matrimonio es la mutua consagración de un hombre y una mujer”



El arzobispo de Caracas pidió a los venezolanos orar por el éxito del Sínodo de la Familia que inicia este 4 de octubre

Caracas, 02 de octubre de 2015.- “Los Sínodos no dictan normas ni doctrinas, sino presentan sugerencias al Papa para que este ofrezca sus enseñanzas a la iglesia. En este caso, el tema es apasionante. Se trata de la promoción, fortalecimiento, santidad y defensa de la familia y del matrimonio cristiano en una época muy difícil”.

Es el mensaje que desde Roma envió a los venezolanos el cardenal Jorge Urosa Savino, explicando los alcances del Sínodo sobre “La Vocación y la Misión de la Familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, convocado por el Santo Padre Francisco del 4 al 25 de octubre.

En el mensaje titulado: “Importancia y grandeza de la familia”, refiere que “especialmente en el mundo occidental, hay fuerzas que militan contra la familia, y que cada vez más cuestionan la importancia y la vigencia de la institución matrimonial”. Al mismo tiempo, ratifica que el matrimonio es la mutua consagración de un hombre y una mujer.

“La Iglesia, teniendo en cuenta el orden natural de la humanidad y la sociedad, así como la Encarnación de Jesús, el Hijo de Dios en una familia humana, ha dado siempre gran importancia a la familia, así como al matrimonio, que es la mutua consagración de un hombre y una mujer para constituir una nueva familia”, expresó Urosa en su mensaje.

Precisó que este Sínodo es una reunión de obispos del mundo entero, donde “estaremos estudiando retos y perspectivas de la familia cristiana en el mundo de hoy”. “Durante tres semanas, más de trescientas personas -entre cardenales, obispos, sacerdotes, y laicos invitados- “estudiaremos, a la luz del  Evangelio y la doctrina de la Iglesia, los principales problemas de la familia en nuestro mundo contemporáneo”.

Dada la importancia de la familia y las dificultades que experimenta en estos días, el cardenal Urosa, pidió “orar al Señor insistentemente por el éxito del Sínodo”. Exhortó para que en las misas celebradas en Caracas desde el 4 hasta el 25 de octubre, “se eleven plegarias para que Dios nos guíe”, y así “ofrecer luces y empuje a la familia hoy, en Venezuela y en el mundo”.

El cardenal Urosa asiste al Sínodo junto al presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Padrón Sánchez; y el arzobispo de Mérida, monseñor Baltazar Enrique Porras Cardozo, según confirmó en la misiva. A continuación el mensaje íntegro del Cardenal Urosa.


Fuente: Ramón Antonio Pérez / @GuardianCatolic
Publicado por: O.Revette 04/10/2015 7:59am
Apostolado de Comunicación Social de la
Pastoral Familiar San Carlos Borromeo

sábado, 3 de octubre de 2015

Sínodo de la Familia 2015: Homilía del Papa Francisco en la Vigilia de oración por el Sínodo sobre la Familia

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia de oración por el Sínodo sobre la Familia


Foto: Captura Youtube

VATICANO, 03 Oct. 15 / 12:36 pm (ACI).- Hoy se celebró en la Plaza de San Pedro una Vigilia de Oración organizada por la Conferencia Episcopal Italiana para rezar por el Sínodo de los Obispos que se celebrará del 4 al 25 de octubre de este año.
En su homilía, el Pontífice abordó la importancia de la familia y  pidió rezar “para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre” además de “reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella”.
A continuación el texto completo:
Queridas familias, buenas tardes.
¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea? ¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?
En ciertas épocas de la vida –de esta vida llena de recursos estupendos–, preguntas como esta se imponen con apremio. Frente a las exigencias de la existencia, existe la tentación de echarse para atrás, de desertar y encerrarse, a lo mejor en nombre de la prudencia y del realismo, escapando así de la responsabilidad de cumplir a fondo el propio deber.
¿Recuerdan la experiencia de Elías? El cálculo humano le causa al profeta un miedo que lo empuja a buscar refugio. «Entonces Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para poner a salvo su vida [...] Caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: “¿Qué haces aquí, Elías?”» (1 R 19,3.8-9). Luego, en el Horeb, la respuesta no la encontrará en el viento impetuoso que sacude las rocas, ni en el terremoto, ni tampoco en el fuego. La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea...
Con este espíritu, hace precisamente un año, en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo pidiéndole que los Padres sinodales –al poner atención en el tema de la familia – supieran escuchar y confrontarse teniendo fija la mirada en Jesús, Palabra última del Padre y criterio de interpretación de la realidad.
Esta noche, nuestra oración no puede ser diferente. Pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos.
Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.
Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo. La andadura misma de Jesús entre los hombres toma forma en el seno de una familia, en la cual permaneció treinta años. Una familia como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio.
Charles de Foucauld intuyó, quizás como pocos, el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret. Este gran explorador abandonó muy pronto la carrera militar fascinado por el misterio de la Sagrada Familia, por la relación cotidiana de Jesús con sus padres y sus vecinos, por el trabajo silencioso, por la oración humilde. Contemplando a la Familia de Nazaret, el hermano Charles se percató de la esterilidad del afán por las riquezas y el poder; con el apostolado de la bondad se hizo todo para todos; atraído por la vida eremítica, entendió que no se crece en el amor de Dios evitando la servidumbre de las relaciones humanas, porque amando a los otros es como se aprende a amar a Dios; inclinándose al prójimo es como nos elevamos hacia Dios. A través de la cercanía fraterna y solidaria a los más pobres y abandonados entendió que, a fin de cuentas, son precisamente ellos los que nos evangelizan, ayudándonos a crecer en humanidad.
Para entender hoy a la familia, entremos también nosotros –como Charles de Foucauld – en el misterio de la Familia de Nazaret, en su vida escondida, cotidiana y ordinaria, como es la vida de la mayor parte de nuestras familias, con sus penas y sus sencillas alegrías; vida entretejida de paciencia serena en las contrariedades, de respeto por la situación de cada uno, de esa humildad que libera y florece en el servicio; vida de fraternidad que brota del sentirse parte de un único cuerpo.
La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados.
Volvamos a Nazaret para que sea un Sínodo que, más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor, no obstante las muchas penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar. En la «Galilea de los gentiles» de nuestro tiempo encontraremos de nuevo la consistencia de una Iglesia que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral. Porque si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminamos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos.
Una Iglesia que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta.
Una Iglesia sobre todo de hijos, que se reconocen hermanos, nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes.
La Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido.
Esta Iglesia puede verdaderamente iluminar la noche del hombre, indicarle con credibilidad la meta y compartir su camino, sencillamente porque ella es la primera que vive la experiencia de ser incesantemente renovada en el corazón misericordioso del Padre.
Fuente: AciPrensa

Publicado por O.Revette 03.10.15 04:41pm/ Apostolado de Comunicación Social Pastoral Familiar San Carlos Borromeo


Sínodo de la Familia 2015: Así será el Sínodo de la Familia 2015: Quiénes participan y cómo funciona

Así será el Sínodo de la Familia 2015: Quiénes participan y cómo funciona


Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
VATICANO, 02 Oct. 15 / 09:28 am (ACI).- La Santa Sede presentó esta mañana el Sínodo Ordinario de la Familia 2015 que tiene como tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. Dará comienzo este domingo 4 de octubre con una solemne Misa presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro y concluirá el 25 de octubre.
En esta ocasión, el funcionamiento será algo distinto debido a una nueva metodología aprobada por el Papa Francisco en la reunión del Consejo Ordinario de la Secretaría del Sínodo celebrada el 25 y 26 de mayo de 2015 y que contiene algunas novedades respecto al año anterior.
En la conferencia de prensa de presentación participó el Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, así como el vocero del Vaticano, el P. Federico Lombardi.
Quiénes participan
La Asamblea de este Sínodo de 2015 estará compuesta por 270 padres sinodales de ex officio (por su cargo), 183 ex electione (por elección) y 45 ex nominatione pontificia (por nombramiento pontificio).
Entre los miembros ex officio están los líderes de 15 Sínodos de Obispos de las Iglesias Orientales Católicas, los jefes de 25 dicasterios de la Curia Romana; el Secretario General (Mons. Lorenzo Baldisseri) y el Subsecretario, Mons. Fabio Fabene.
Entre los 270 Padres sinodales 74 son Cardenales (1 Patriarca Cardenal y 2 Arzobispos Mayores), 6 Patriarcas, 1 Arzobispo Mayor, 72 Arzobispos (entre los que hay 3 titulares), 102 Obispos (entre los que hay 6 Obispos Auxiliares, 3 Vicarios Apostólicos y 1 emérito), 2 sacerdotes que son párrocos y 13 religiosos.
Por procedencia, 54 son de África, 64 de América, 36 de Asia, 107 de Europa y 9 de Oceanía.
También participarán otros invitados de diversas culturas y naciones: 24 expertos o colaboradores del Secretario General, 51 Auditores y 14 Delegados Fraternos.
Intervendrán en total 18 matrimonios, así como padres y madres de familia (17 entre los Auditores y una entre los Expertos).
Metodología
El Cardenal Baldisseri explicó que la mayoría de los Padres Sinodales pidió un Sínodo más dinámico y participativo a través de la distribución de las intervenciones en el aula. Por tanto, los llamados Círculos Menores tendrán una participación más activa en la discusión, así como una relación más directa e inmediata entre los Padres Sinodales en su propia lengua.
El Sínodo se desarrollará de la siguiente manera:
- Cada semana de duración se reflexionará sobre: “La escucha de los desafíos sobre la familia”; “El discernimiento de la vocación familiar” y “La misión de la familia hoy”.
- En la inauguración el próximo lunes 5, el Papa Francisco podría saludar a la Asamblea (no está confirmado). Intervendrán el Secretario General y el Relator General (Cardenal Arzobispo de Budapest Mons. Péter Erdo), quien expondrá el primer tema. Después intervendrá un matrimonio Auditor y a continuación los Padres Sinodales en las Congregaciones Generales cuyo aporte constituye un desarrollo integral del texto base.
- Después tendrán lugar las sesiones de los Círculos Menores, en los que los Padres reflexionarán sobre el texto base para enriquecerlo y hacerlo madurar. Al final, el relator de cada Círculo presentará en el aula un breve análisis de su trabajo. Estos textos serán hechos públicos. Cada Círculo estará formado por unas 20 personas y agrupados según idiomas: uno en alemán, 3 en español, 4 en inglés, 2 en italiano y 3 en francés.
- Los encargados de la elaboración de la Relación Final nombrados por el Santo Padre y que representan los cinco continentes son: Cardenal Péter Erdo, Arzobispo de Budapest (Hungría) y Relator General; el Secretario General Mons. Bruno Forte, Arzobispo de Chieti-Vasto; el Cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay (India); Cardenal John Atcherley Dew, Arzobispo de Wellington (Nueva Zelanda); el Cardenal Donald William Wuerl, Arzobispo de Washington (Estados Unidos); Mons. Víctor Manuel Fernández, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina; Mons. Mathieu Madega Lebouakehan, Obispo de Mouila (Gabón); Mons. Marcello Semeraro, Obispo de Albano (Italia); el P. Adolfo Nicolás Pachón, Prepósito General de la Compañía de Jesús.
- Al final de las tres etapas de trabajo semanal, esta Comisión elaborará la Relación Final, que será presentada el día 24 a la Asamblea y entregada al Papa. El Santo Padre decidirá entonces si hacerla pública (como el año anterior) o no.
- La intervención de cada orador en la Asamblea será de tres minutos y los Padres Sinodales podrán hablar libremente con los medios de comunicación.
- El Santo Padre tendrá la última palabra una vez reciba la Relación Final.
Con esta Asamblea finaliza el recorrido sinodal iniciado hace dos años con el envío del primer cuestionario con preguntas sobre la familia a todas las conferencias episcopales del mundo.
La Asamblea General Extraordinaria de 2014 elaboró un Relación Final (Relatio Synodi) de la cual surgieron algunas cuestiones y preguntas que se plasmaron en el llamado Instrumentum Laboris. Con estos documentos los padres sinodales comenzarán a abordar los diversos desafíos que afectan a la familia.

Fuente: AciPrensa

Publicado por O.Revette 03.10.15 05:08am

Apostolado de Comunicación Social de la 

Pastoral Familiar San Carlos Borromeo